Los Frailes Capuchinos cuentan con un nuevo diácono y un nuevo sacerdote. Esto tras la ordenación presbiteral de Fray Roberto Colón, OFM Cap., y la ordenación diaconal de Fray Gamaliel Martínez, OFM Cap., celebradas de manera conjunta ante el pueblo de Dios que se dio cita en la parroquia San Antonio de Padua de Río Piedras el pasado 27 de diciembre de 2019. La celebración, imposición de manos y oración consecratoria fueron presididas por el Cardenal Seán O’Malley, OFM Cap., Arzobispo de Boston.

Con ánimo efervescente inició la doble fiesta al filo de las 6:00 de la tarde. Fray Ramón H. “Monchy” Negrón, OFM Cap., Custodio de la Orden de los Capuchinos en Puerto Rico dio la bienvenida. Cabe destacar la presencia del fraile boricua Fray José Ángel Torres Rivera, vicario general de la Orden de Frailes Capuchinos a nivel de la Iglesia Universal. Luego de la Liturgia de la Palabra, los dos elegidos fueron llamados y se peticionó -por separado- que la Iglesia los ordenara al orden diaconal y presbiteral.

El Cardenal Seán inició su elocuente mensaje con el relato del autor inglés Green, que en su obra El poder de la Gloria, describe como un sacerdote -anónimo- fue sentenciado y muerto para que acto seguido llegara un nuevo párroco -anónimo- en la época de la guerra cristera de México. Esto para mostrar que “el sacerdote es parte de algo mayor que él mismo y está conectado con sus otros hermanos – sacerdotes- en Cristo”. Añadió el Cardenal que el presbítero renuncia a su identidad para configurarse a la identidad de Jesucristo. “Jesús no da un código postal, una dirección electrónica o su dirección de Twitter, les dice -a sus discípulos- venid y veréis”, detalló.

Explicó que en la Iglesia el celibato ha sido un don invaluable que ha dado un impulso a la misión y que ha permitido a consagrados “hacer grandes cosas para llevar el mensaje de Cristo a los más necesitados y a los que necesitan la presencia del Buen Pastor”. Afirmó con fuerza: “Fray Roberto y Fray Gamaliel, el mismo Jesucristo que invitó a los discípulos los está llamando para una ordenación, para compartir su vida y consagrarla al ministerio”.

Luego de la homilía, puestos de pie frente al Obispo, los elegidos pronunciaron sus promesas. Postrados frente al altar, con toda la asamblea de rodillas, hacia el retablo de la iglesia, se cantaron las letanías.

Cada ritual se celebró por separado, primero la ordenación diaconal y posteriormente la sacerdotal. Cada elegido se arrodilló frente al Obispo quien impuso sus manos en total silencio para la oración consecratoria. Luego de ser revestidos, el Obispo les dio el caluroso y paternal saludo de la paz seguido por el abrazo de los frailes, sacerdotes y familiares presentes, mientras la asamblea aplaudía enérgicamente. Esto en un momento lleno de emoción y alegría.■

Enrique I. López López
e.lopez@elvisitantepr.com
Twitter: @Enrique_LopezEV

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