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…para amar y ser feliz. Desde el primero hasta el último latido de tu corazón, has sido creado, custodiado, crecido y existido con la misión sagrada de amar y ser feliz. De esta forma, ser ecos de un amor y felicidad mayores; irradiarlos por el mundo con alegría. Solo desde el testimonio se logrará poco a poco la conversión (propia y colectiva) que tanto anhelamos. Alegrías, tristezas, valentías y miedos pasarán. Pero, la felicidad verdadera tiene que ver con creer en ese amor altísimo, esperar en él y actuar con él. Estos son los cánones a seguir, el camino y van por encima de las emociones, dan sentido, sostienen y son la verdadera vida. Mediante el amor aspiramos a alcanzar una felicidad relativa en este mundo, para luego poder aspirar a la meta final: el amor absoluto y la felicidad plena en la patria celestial con Dios. Fija tus ojos, tu atención, tu corazón y tu ánimo en el amor para ser feliz.

Es cierto, ambos no se escriben con dulce rosado y trazos verde sereno como el “amor” y la “felicidad” de los sueños hollywoodenses repletos de tiempo vacacional, mansiones, romanticismo y placeres. Amor se escribe con rojo de sacrificio, de entrega y con mayúsculas rectificadas para que soporte el desgaste del tiempo y se mantenga en pie, fuertes y constantes ante toda adversidad. Felicidad no se trata de lo material, sino de lo trascendental que es mirar a lo alto y proceder con el modo de ser y actuar de Jesús para vivir por y para la paz y el bien. Recuerda que Dios me lo dio todo al llegar a este mundo y me lo quitará todo al partir. Por ello, amar tiene implicaciones trascendentales y aferrarse a este mundo es un acuerdo que caducará tarde o temprano. Libérate de las 7 cadenas, abraza con la vida sacramental y las enseñanzas de Jesús para caminar con fuerza.

Te escribo esto porque cuando llega los desafíos tormentosos se combina el relámpago, la ráfaga y el aguacero para revolverlo todo con la intención de que confundas el oro con la pirita de cobre o la misericordia con filantropía. Por ello, la misión titular debe estar tatuada en tu corazón y la misericordia en la acción. Tiempos digitales han llegado y con ellos el micrófono se agranda para la incredulidad, la insensibilidad, el materialismo, las actitudes temerarias, la violencia, el lujo, la victoria a toda costa, la curiosidad irreverente y el exceso en todas sus vertientes.

Tal vez el misterio a develar será ver el rostro de Jesús en cada prójimo que es mi próximo aquí y ahora. En este instante, tu que lees estas líneas eres mi prójimo. Por eso, repite conmigo: Dios me ha elegido para amar y ser feliz. Él me amó primero.

(Respuesta a la pregunta de un usuario por mensaje: ¿Cuál es mi misión en este mundo?)

Enrique I. López López

e.lopez@elvisitantepr.com 

Twitter: @Enrique_LopezEV 

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