La salvación es la misma para todos

Isaías nos dice que, mientras estemos vivos, tenemos oportunidad para salvarnos. La salvación está abierta para nosotros mientras estemos en el peregrinar de la vida.

Después de haber estado muchas semanas meditando la Carta de San Pablo a los Romanos, hoy comenzamos a meditar acerca de la Carta a los Filipenses.  En ella, San Pablo manifiesta su lucha interna entre estar con su pueblo, y morir y estar con Dios.

San Mateo nos presenta una de las parábolas más desconcertantes de Jesús: la parábola del Señor y los jornaleros. A primera impresión, la parábola resulta injusta, pero, cuando la revisamos profundamente, no lo es.

Mi madre solía decir que, “mientras hay vida, hay esperanza” y precisamente de esto se trata la primera lectura de hoy. Nos relata el Profeta que, mientras uno está peregrinando por este mundo, uno por más pecador que sea, tiene la oportunidad de salvarse. Una y otra vez, las Sagradas Escrituras nos insisten en que, la voluntad de Dios no es que nos condenemos, sino que nos salvemos puesto que Dios es nuestro Padre que nos ama y que quiere que, al final de nuestra vida, lleguemos a la Casa Paterna Celestial, como el Hijo Pródigo que se lanza a los brazos de su Padre. Eso por eso que, en el transcurso de nuestras vidas, Dios nos da oportunidades, nos manda personas, permite acontecimientos, para que nosotros renunciemos al pecado y nos abracemos a Dios. Esto lo entendió Santa Mónica, que no dejó de orar hasta la conversión de su hijo, el gran San Agustín.

Es en este contexto en que entendemos la parábola de hoy. Me acuerdo cuando era chamaquito, encontraba esta parábola y la acción de Jesús muy injusta y, nada más lejos de la verdad. La clave está en el acuerdo que el Señor de la finca había llegado con los que contrató al amanecer y que ellos estuvieron de acuerdo: un denario, y al final, eso fue lo que ellos recibieron, un denario. El dueño de la finca quiso ser generoso con los que trabajaron sólo una hora, dándoles lo mismo que había ofrecido a los de por la mañana: un denario.

En esta parábola, el Señor de la Finca es Dios, los trabajadores nosotros, la finca el mundo en que vivimos, y el denario es la Vida Eterna todos los que trabajamos en esta finca. A todos se nos ofrece esta salvación, a ninguno otra cosa, salvo a la Virgen María que la salvaron desde el momento de ser concebida. Cuando vemos la historia de los santos, todas son diferentes, pero todas terminan en lo mismo: la vida eterna y la santidad. Hay santos que, como los que trabajaron desde la mañana, han servido a Dios durante toda su vida. Ahí tenemos a Santa Teresita, a Santa Mónica, a San Luis Gonzaga, etc. Otros que, como Dimas el Buen Ladrón, vinieron a recibir la Vida Eterna en el último transcurso de su vida. Así que, mientras estemos en este mundo, tenemos oportunidad de ser santos y tener la Vida Eterna.

Padre Rafael “Felo” Méndez

Para El Visitante

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León XIV: «El matrimonio es una comunidad de vida y amor fundada en la fidelidad y la entrega mutua»

Ciudad del Vaticano. – El papa León XIV presidió este miércoles, 21 de octubre, la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, donde reflexionó sobre la importancia del matrimonio y la familia a la luz de la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. En su catequesis, destacó que el amor conyugal encuentra su fundamento en la entrega recíproca, la fidelidad y la unidad indisoluble de los esposos. La audiencia tuvo un significado especial al celebrarse pocos días después de que el Santo Padre recibiera el alta hospitalaria, tras la intervención quirúrgica a la que fue sometido el pasado 13 de octubre. Antes de comenzar su reflexión, agradeció las numerosas muestras de cercanía y las oraciones ofrecidas por su recuperación. «Lo primero que quiero decirles es ¡gracias! Gracias por el apoyo de sus oraciones», expresó el Pontífice, invitando a los fieles a renovar su confianza en la bondad y misericordia de Dios. El matrimonio, una alianza de amor Al profundizar en las enseñanzas del Concilio Vaticano II, León XIV recordó que el matrimonio no puede comprenderse únicamente como un contrato jurídico, sino como una comunidad de vida y amor que nace de la decisión libre de los esposos de entregarse mutuamente. El Papa explicó que esta donación recíproca exige plena fidelidad y unidad indisoluble, siguiendo las palabras de Jesucristo: «Ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19,6). Asimismo, señaló que el amor matrimonial supera la atracción física y comprende la totalidad de la persona, expresándose mediante el afecto, la ternura, el respeto y la búsqueda del bien del otro. En este sentido, recordó que el hombre y la mujer poseen igual dignidad y están llamados a construir una relación que refleje el amor de Cristo por su Iglesia. La familia, fundamento de la sociedad Durante su enseñanza, el Santo Padre destacó también la dimensión social de la familia, definida por Gaudium et spescomo escuela del más rico humanismo y fundamento de la sociedad. Subrayó que la fecundidad del matrimonio encuentra una expresión particular en la procreación y educación de los hijos, a quienes el documento conciliar reconoce como un don extraordinario de la unión matrimonial. El Pontífice recordó que los esposos, al transmitir y educar la vida humana, participan de manera especial en la obra creadora de Dios y asumen una responsabilidad que debe ejercerse desde una conciencia formada a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. Un llamado a proteger la vida humana León XIV reiteró la enseñanza de la Iglesia sobre la dignidad de toda vida humana desde su concepción, insistiendo en la necesidad de protegerla y respetarla. Asimismo, destacó que el amor conyugal y la transmisión responsable de la vida deben comprenderse desde una visión integral de la persona, en la que la entrega mutua y la apertura a la vida constituyen dimensiones fundamentales del matrimonio cristiano. El Santo Padre reconoció que la defensa y el acompañamiento de las familias representan una tarea pastoral cada vez más urgente, recordando la atención que la Iglesia ha dedicado a esta realidad durante las últimas décadas, particularmente mediante los sínodos sobre la familia convocados por el papa Francisco. Al concluir su catequesis, León XIV encomendó a todas las familias del mundo a la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, pidiendo que su ejemplo ilumine el camino de los matrimonios y fortalezca su vocación al amor, la fidelidad y la comunión. Fuente: Vatican News.

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