Mensaje por 50 años de vocación religiosa


 

“Dad gracias al Señor de los ejércitos, porque el Señor es bueno, porque para siempre es su misericordia”, (Sal 136, 1).

Dar gracias es reconocer que he recibido algo como don gratuito por parte de otra persona. Hoy quiero y doy gracias a Dios por el llamado a la vida religiosa, 50 años de consagración a Dios viviendo en servicio, amor y fidelidad en mi Congregación Hermanas Misioneras del Corazón de Jesús; como don de Dios a su Iglesia. El jubileo de 50 años de vida consagrada significa para mí un momento de gracia y gran reto para recordar y agradecer al Señor un sinfín de beneficios y bendiciones recibidas. Soy testigo de la fidelidad de Dios en mi vida que he vivido en servicio y amor a Dios y a la humanidad.

Gracias Señor, por permitirme celebrar este Jubileo en este Año consagrado a la Misericordia proclamado por la Iglesia en la persona de Su Santidad el Papa Francisco. El Señor me llamó para servirle noche y día, prometió que no me dejaría sola. Él ha sido mi guía, me invitó con estas palabras: “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga”, (Mt 16, 24-25).

Yo obedecí a esa invitación, dejé todo: familia, mis propios proyectos y pertenencias y me entregué a Él sin temor a equivocarme, porque creí en su palabra y me dejé seducir profundamente por el amor de Dios.

“Lo he experimentado con todo el ardor, el amor de mi corazón”, (Os 2, 16-18).

Doy gracias a Dios por todo lo que ha hecho conmigo, con mi familia, con todo lo que ha puesto en mi camino. Reconozco que Dios me ha dado la capacidad de servir y serví por Él y para Él. Ahora digo como el salmista: “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?”, (Sal 116, 12). Abriré mis labios y mi corazón para cantar y proclamar tu misericordia por el resto de mi vida en acción de gracias.

(Sor Florencia Santos de Jesús, H. M. del Corazón de Jesús)

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