El corazón ha sido un símbolo común y muy popular del amor. Ya no se ve tanto como antes, el ‘grafiti’ o
garabatos, que la gente raya en las paredes de lugares públicos. A los encariñados les gusta anunciar abiertamente, el amor que se tienen, dibujando un corazón con los nombres de los que se aman. Muchos de estos, son amoríos escondidos por alguna razón u otra. Pero el que se enamora, vive una experiencia única, que no todos entienden. Amar no es un antojo, ni una quimera. Es la fuerza o energía más poderosa que existe en la experiencia humana. Además de constituir una de las dos necesidades básicas en la vida. La otra siendo el deseo de vivir para siempre.
Larga es la historia de los que se han arriesgado a entregar su vida en el amor. Para nosotros, los discípulos de Cristo Jesús, la historia de su vida, pasión, muerte y resurrección es la razón de ser de toda nuestra existencia.
Los Evangelios dan evidencia del Amor del Padre, encarnado en su Único Hijo. Enriquece toda la experiencia de la Revelación, relatada en la Biblia, la tradición de la Iglesia. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús es una de esas tradiciones, una de las más ricas y más amada por el pueblo.
Un detalle interesante de esa devoción es cómo el pueblo creyente, ha seguido fielmente algunas de esas expresiones de amor al Sagrado Corazón de Jesús. Prácticamente, en todas las casas de nuestro pueblo católico, existe un cuadro con la imagen de Jesús, mostrando su corazón en llamas de pasión amorosa. Señalando un poco más de detalles sobre el trasfondo histórico de la devoción, fue un 16 de junio de 1675 que Nuestro Señor se le apareció a Santa Margarita María de Alacoque. Mostraba Su Corazón rodeado de llamas de amor, coronado de espinas, con una herida abierta. Se notaba que de esa herida brotaba sangre y, del interior de su corazón, salía una cruz. Parte de la aparición incluye lo que Jesús le dijo a la santa, “He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio, de la mayor parte de los hombres no recibe nada más que ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento de amor.”
Jesús le pidió a Santa Margarita María propagar esta devoción. Así fue como surgió la práctica de los 9 primeros viernes de mes. Estos ejercicios, conocidos como los nueve primeros viernes y la Hora Santa de Adoración, se convirtieron en parte de la religiosidad popular del pueblo devoto. Y eso, ¡aun hasta este día!
Nuestro pueblo hispano, tiene como costumbre piadosa, clamar a Jesús, en momentos o situaciones delicadas diciendo, “¡Ay…Sagrado Corazón de Jesús!” Inolvidable fue para mí, estando visitando a familiares, que la familia se pegó en la lotería con 10 mil dólares. La mamá, con lágrimas y sollozos, sin pensarlo dos veces, cayó de rodillas delante de la imagen del Sagrado Corazón que tenían en la sala de su casa, dando gracias a Dios por ese milagro de amor.
Venerar y tener devoción al Sagrado Corazón, es siempre una gracia, tomando en cuenta el inmenso amor que Cristo Jesús tiene por su pueblo. Es una ocasión oportuna para fortalecer la fe y renovar nuestro empeño de fidelidad a los votos bautismales. Vivir la fe hoy en día, en la modernidad, hay que reconocerlo, no es fácil.
Múltiples son las distracciones, incontables los entretenimientos disponibles y la absorción en el trabajo. El fenómeno más reciente, es la fascinación que se muestra en el uso constante de los teléfonos celulares.
Prácticamente, parece ser, que todo el mundo tiene uno. Y así es como se vive la vida hoy en día.
Fue el afamado autor Gabriel García Márquez (1927–2014) quien dijo: “La distancia no es un problema. El problema somos los humanos, que no sabemos amar sin tocar, sin ver o sin escuchar. Y es que el amor se siente con el corazón, no con el cuerpo”. Por eso es que el Señor Jesús dejó signos visibles para que mejor se pudiese entender y aceptar Su amor. La Iglesia, los Sacramentos, los sacramentales, las devociones de la religiosidad popular, son todos parte de esos símbolos visibles que enriquecen la fe católica. El pueblo creyente está necesitado de símbolos que continúen nutriendo su fe y su vivencia espiritual. El Sagrado Corazón encuentra gran resonancia y aceptación en la vida espiritual del pueblo católico. Es y ha sido una de las devociones más conocidas y amadas entre los creyentes.
Una advertencia que se debe tomar en cuenta es que todas estas devociones y prácticas piadosas, no son como actos de magia. Dependen de una fe genuina, un espíritu contrito y un ardor amoroso por el Señor Jesús. Vivir en gracia es solo posible con la ayuda del Espíritu Santo. Ese mismo Espíritu es quien guía y motiva al creyente a acudir al Sagrado Corazón de Jesús como continua fuente de fortaleza y consolación. Este año su fiesta litúrgica es el viernes, 27 de junio, después de la fiesta de Corpus Christi.

Devoción al Sagrado Corazón de Jesús
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