Continuamos recorriendo el camino de la contemplación como actitud pastoral. Son pasos que también se dan cuando tenemos que tomar decisiones importantes en la vida. Después de detenernos (primer domingo) para mirar atentamente (segundo domingo) nos disponemos a conocer mejor. Este es tema propuesto para el tercer domingo de Cuaresma.

La liturgia de la palabra nos lleva a profundizar en este paso tomando en cuenta que el conocimiento que se adquiere por medio de la contemplación brota de un encuentro con Dios a partir de la fe. La tradición le ha llamado a ese conocimiento “ciencia infusa”. Es decir,  el conocimiento que adquiere una persona sin haber necesariamente estudiado. Se trata de una gracia especial que Pablo describe como el “espíritu derramado en los corazones” (segunda lectura).

Conocer implica entrar en diálogo, abrirse a lo otro y al otro, como lo hace Jesús con la Samaritana (Evangelio). El conocimiento es progresivo. Jesús entra en diálogo con aquella mujer partiendo de una necesidad primaria: “Dame de beber”. Esto provoca una reacción inmediata de la mujer. Ante lo desconocido y sorprendente ella reacciona: “¿Tú siendo judío me pides de beber a mí que soy samaritana?  A veces los prejuicios impiden que avancemos en el conocimiento. Para conocer bien hay que romper con los estereotipos creados y abrirnos a nuevas formas, nuevas posibilidades, nuevos modelos: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber”.

Jesús quiere entablar diálogo con la mujer, ya la conoce pero ella a él no. Jesús también nos conoce a nosotros y quiere entrar en diálogo con cada uno. ¡Si conociéramos el don de Dios! Esta es también la forma de entrar al conocimiento de Jesús y su mensaje para saber qué debemos hacer. Este paso de la contemplación es necesario para iluminar el camino, para no andar a oscuras. Es necesario conocer el don de Dios para no morir de sed en el desierto (primera lectura) o protestar contra Dios y contra la Iglesia cuando las cosas no funcionan como queremos.

Es necesario conocer el don de Dios desde el punto de vista pastoral para dar las respuestas adecuadas al momento histórico que vivimos. Pero también es necesario conocer las verdaderas necesidades, para no dar respuestas a preguntas que no están hechas. El diálogo de Jesús con la samaritana llevó aquella mujer a descubrir sus verdaderas necesidades, de lo que tenía sed, cuáles eran sus insatisfacciones: “No tengo marido”, insatisfacción humana;  “Dónde hay que adorar a Dios”, insatisfacción religiosa; “Cuando venga el mesías nos lo dirá todo”, insatisfacción salvífica.

La presencia de Jesús, el diálogo abierto y sincero hizo que aquella mujer conociera su verdad más profunda. Abrió para ella un camino nuevo. Ya no importaba el agua, sale a anunciar a la gente de su pueblo que había conocido a alguien que posiblemente era el mesías. Es decir la respuesta a lo que tanto anhela dentro de sí y la esperanza de un pueblo.  Aquella mujer vivió los tres pasos que hemos dado en el camino de la contemplación: se detuvo en el pozo, se dejó mirar por Jesús y se dejó mirar por él y conoció su propia realidad y el don de Dios. Que esta Cuaresma nos ayude a dar estos pasos de la contemplación para poder responder a lo que Dios quiere de nosotros.

(Vicaría de Pastoral )

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