¿Alguna vez ha pensado sobre cuánto dolor sufrió Jesús desde el jueves por la noche hasta el viernes que murió? No se debe olvidar que él a pesar de ser hijo de Dios, era humano. Por ende, sintió mucho dolor físico por los castigos a los que fue sometido. Imagine usted que tuviera que experimentar, aunque fuera uno de estos, ¿lo resistiría?

El Dr. Iván Lladó, cardiólogo, precisó que el dolor que experimentó Jesús cuando le clavaron las muñecas con un clavo de siete pulgadas fue tan fuerte que no hay explicación médica de cómo pudo soportarlo. “Se entiende que cuando el clavo pasa por el nervio mediano y lo roza el dolor es extremadamente fuerte. Puede producir un choque neurogénico, puede provocar pérdida del conocimiento”, señaló. Aprovechó para explicar que “si le hubiesen puesto el clavo en la mano al levantar la cruz se hubiese desgarrado, para que aguantara el peso. Por eso lo clavaron en la muñeca que hay huesos, tejidos y tendones”.

Indicó que una comparativa al dolor que sintió Jesús podría parecerse a cuando se tienen un infarto cardiaco “algunos pacientes dicen que se siente como si un elefante se parara en su pecho”. Indicó que “también podría parecerse al dolor que experimenta cuando está bajando una piedra del riñón. Imagine ambos dolores, pero mucho más agudos”.

Sobre la causa específica de la muerte de Jesús, el Cardiólogo especificó que al momento no se ha podido determinar. No obstante, confirmó que las investigaciones que se han realizado a lo largo de los años revelan varias teorías, entre ellas que se debió a un asunto cardiaco. “Se entiende que a consecuencia de los golpes perdió mucha sangre, esto hace que la presión baje. Además, hay que recordar que estaba deshidratado, no había comido, le faltaba oxígeno y esto provoca que la sangre se ponga espesa y se forman unos coágulos en las válvulas cardiacas que se desprenden y llegan a las arterias del corazón y puede desencadenar en un infarto cardiaco que le ocasione la muerte”, detalló.

Otra hipótesis señala que su muerte pudo deberse a complicaciones respiratorias.

El también diácono, sostuvo que otros científicos atribuyen la muerte a un shock hipovolémico, que es pérdida de sangre masiva, parecido a una herida de bala que rompe una arteria y la persona se desangra. “El shock hipovolémico provoca una hipotensión (baja presión) y por ende no llega suficiente sangre al corazón, ni oxígeno al cerebro. Esto induce a un infarto cardiaco que puede producir un hemopericardio que es un sangrado entre el pericardio(membrana que cubre el corazón y el musculo cardiaco) y el paciente muere”, reveló.

De otra parte, sobre la flagelación, el galeno que ha dictado varias conferencias sobre el tema, destacó que la víctima era amarrada a un poste o columna y azotado con una látigo o flagelo (tres cordeles que en la punta tenían pedacitos de plomo y huesitos en forma de garra). Detalló que “con cada azote la piel se rasgaba, se despellejaba, sangraba, se exponía el músculo y los huesos. Los golpes podían provocar una hemorragia, bajaba la presión y la víctima podía morir de este castigo”.

Relacionado con la cruz, aclaró que contrario a lo que se ve en las películas, los investigadores detallaron que no cargó la cruz completa, sino un patíbulo (madero horizontal de la cruz). Afirmó que pesaba entre 80 y 110 libras “en las condiciones que estaba Jesús, sin comer, deshidratado, flagelado y golpeado era muy difícil soportar ese peso”.

Igualmente, indicó que algunos expertos creen que Jesús pudo haberse caído mientras bajó las escalinatas del Fuerte Antonio con el patíbulo al hombro. Esa caída llevó a un golpe en el pecho lo que predispuso una rotura del músculo cardiaco como evento final de su muerte. “Esa podría ser una de las razones para explicar la muerte rápida de Jesús”, subrayó el Dr. Lladó.

De otro, lado confirmó que las personas que se exponen a grandes angustias o fuertes situaciones de estrés pueden tener hematidrosis (sudar sangre) como lo describe San Lucas en su Evangelio. Argumentó, que la explicación médica, “consiste en que se rompen los capilares de las glándulas sudoríparas, por donde sudamos y a través de ellas sale sangre por los poros de la piel junto con el sudor”.

Por último, el diácono admitió que: “El sacrificio en la cruz de Jesús nos enseña que tanto amó Dios al mundo que envió a su único hijo al mundo para que nadie se pierda, para que todo el que crea en él sea salvo y tenga la vida eterna. Debemos estar agradecidos y responder a ese amor como él lo hizo con nosotros, diciéndole Gracias Señor”.

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