Isaías le suplica a Dios que venga a rescatar a Israel de todos los pecados y sufrimientos del pueblo.

En la Primera Carta a los Corintios, San Pablo le recuerda a la comunidad cristiana de Corinto que ha sido Dios quien los ha santificado y que Él es la garantía de la unidad de la comunidad cristiana hasta el fin de los tiempos.

En el Evangelio de San Marcos, Jesucristo exhorta a la comunidad cristiana que tiene que estar en vela, porque Dios va a venir el día menos pensado.

Cada vez que llega el primer Domingo de Adviento, y con él el inicio del año nuevo cristiano, me viene a la mente mi compueblano Yiye Ávila y su ministerio “Cristo viene”.  Toda su predicación giraba al tema de la Segunda Venida del Señor y era una teología de meter miedo. La aproximación católica al tema es que no tenemos que temerle a ella si en el día de hoy estamos viviendo un cristianismo auténtico. Jesús mismo nos dice que cada día tiene sus propios afanes y que no nos debemos preocupar por el mañana; es por eso que el énfasis es vivir hoy una vida cristiana de verdad y, si lo hacemos, no debemos de preocuparnos por el juicio de Dios.

Pero el primer Domingo de Adviento la Iglesia escoge para recordarnos que Cristo viene y que tenemos que prepararnos. La raíz de la palabra adviento es venida, y este es el tiempo para prepararnos para recibir al Señor, no solamente en Navidad. Es irónico que, mientras está todo el mundo en la juerga de Navidad, sin aún haber llegado, la Iglesia nos urja a prepararnos para que Cristo venga. San Juan Bautista es uno de los personajes principales de este tiempo y nos indicará cómo nos debemos de preparar para recibir al Señor, pero eso lo dejamos para el domingo que viene.

Lo que sí podemos destacar hoy es que hay una gran necesidad de que Cristo venga a nuestras vidas puesto que Él es el único que las puede sanar y salvar. Nuestra oración para este tiempo debe de ser un llamado a que Cristo venga. El profeta del ciclo navideño por excelencia, Isaías, trata a Dios como Padre, algo revolucionario en el Antiguo Testamento que veía a Dios como el Todopoderoso, terrible, que de verlo uno moría. Isaías le llora a Dios a que venga a visitar a Israel, porque Dios es el único que la puede salvar de todos sus pecados. Este llamado hoy es tan pertinente como en aquel entonces, puesto que Israel necesita de Dios para que la salve a ella, y a Palestina, de la situación en que están viviendo ahora. Como decimos nosotros: “Esto sólo lo arregla Dios”.

Así que tenemos que pedirle a Dios que venga: que venga a nuestros corazones, que venga a nuestras vidas, que venga a nuestros hogares, que venga a nuestras almas. Sólo Dios le dará a Puerto Rico lo que necesita.

Padre Rafael “Felo” Méndez

Para El Visitante