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Apasionados en Cristo 

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La expresión está de moda. El Papa Francisco la ha pronunciado en distintas ocasiones, invitando a renovar el encuentro personal con Jesucristo o, al menos, tomar la decisión de dejarse encontrar por Él. Lo expresaba bellamente con aquellas memorables palabras el Papa Benedicto XVI: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una persona que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. De este encuentro nace y renace la alegría de la que nos habla el Papa en la exhortación Evangelii Gaudium.

Poner a Jesucristo en el centro de nuestra vida y fe, es lo primero y más definitivo. ¿Qué puede haber más necesario que despertar la pasión por Jesús? No se trata de hacer unos arreglos a nuestra vida cristiana o ponernos al día en la doctrina, no. Necesitamos ese encuentro vivo, repito una vez más, con Jesús. No andan descaminados quienes resumen la religión de Jesús como “pasión por Dios y compasión por los hermanos”. Nada hay más importante, ni siquiera la práctica de una determinada religión. Alguien ha dicho que el hombre es plenamente humano, cuando sabe vivir amando a Dios y a su prójimo. Algunos dirán, casi todos lo hemos dicho alguna vez: “estamos tarde, esto no es fácil”. Hablar a la gente en el mundo secularizado de hoy que solo cree en lo que toca, en lo práctico, en lo que da prestigio, en lo que produce bienestar… no es fácil.   

No se me ocurren otras palabras para responder a este cuestionamiento que lo expresado por el evangelista: “Aquel que está en ustedes es más fuerte que el que está en el mundo” (1 Jn 4, 4). Nosotros, los creyentes, los evangelizadores debemos tener bien claro y creer en la palabra: “Confíen, yo he vencido al mundo”, (Jn 16, 33).  Lo más urgente para la Iglesia es despertar en sus hijos la pasión por la fidelidad a Cristo Jesús, sentir que Él camina junto a nosotros, que hace arder nuestro corazón como a los discípulos que iban a Emaús. En definitiva, creer que el Resucitado nos sigue amando. Lo demás, nos vendrá por añadidura.

P. Juan Martínez Ruíz, Salesiano 

Para El Visitante