Queremos animar a la familia a que se esmere en su rol de desarrolladora de valores. Pero no puede ser como el gobierno sin con un trasfondo de presencia divina. Tal vez solo se consigan pocos núcleos familiares para esta tarea, como un “resto de Israel”, pero hay que comenzar por algo.

¿Qué valores propongo que se destaquen? 

  1. El valor del orgullo y vinculación a la propia familia. Hemos pasado de la familia extendida a la familia nuclear. Eso tiene su explicación y tiene sus ventajas. Pero deseo que vuelva ese apoyo y preocupación por los que tienen el mismo vínculo de sangre. Sentir orgullo por pertenecer a esa familia concreta. Sentir vergüenza cuando no se deja en alto su nombre. Celebrar más los acontecimientos propios. Me pareció maravilloso conocer en Aibonito a un grupo de familias, todos emparentados, que crearon para ellos una cooperativa de consumo: para comprar alimentos básicos a precios de almacén y distribuirlos entre ellos. Las familias mafiosas lo viven para su empresa de maldad.  ¿Por qué no predicarlo para lo bueno?  

 

  1. Hacer hincapié en el valor tan tradicional puertorriqueño del RESPETO. Es la gran pérdida del Puerto Rico actual: aquí ya no se respeta nada, ni a uno mismo. Liberemos, sí, el concepto de los miedos serviles que lo acompañaban, o de aquel “los niños hablan cuando las gallinas…”  Pero enseñar el respeto, reconocerlo cuando se expresa, vituperarlo cuando falta.  El respeto religiosamente se enraíza en el don del SANTO TEMOR DE DIOS. No es el miedo del esclavo, es la admiración del hijo. Es el reconocimiento de que en la vida hay frenos, porque de todo se ha de dar cuenta; que las acciones propias pueden tener consecuencias negativas, y de esas se dará cuenta en esta vida o en la otra.

 

El respeto acabará con la confusión de roles: “el discípulo no es mayor que su maestro”, decía Jesús. Cuando hay confusión de roles acaban los hijos mandando y los padres obedeciendo.  Cuando el maestro en la escuela no tiene autoridad máxima, el instinto inmaduro del niño termina en el caos. El respeto está ligado a un sentido de disciplina. Son iluminadores a este respecto los comentarios del siquiatra Scott Peck en su libro “The Road Less Traveled”. Trata en uno de sus capítulos de la disciplina, pues reconoce que su ausencia ha rebajado la calidad humana. A su vez han aumentado los niños malcriados, las personas que no pueden dilatar las recompensas, sino que ansían gratificaciones inmediatas, a como sea.

 

  1. Un tercer campo de valores es lo que tenga que ver con la COMUNICACION. Todos los tratadistas convienen en que esta es la herramienta para una convivencia saludable en los matrimonios.  Deseamos que los padres no solo sean ejemplo ante sus hijos de estas actitudes de diálogo mutuo. Que las pongan en práctica a una con ellos. Como ejemplo, sería bueno que cada familia institucionalice un momento de sentarse como familia a comentar las cosas que van pasando. Sería este un tiempo sagrado, separado solamente para eso: para los comentarios de familia. Estos podrían coincidir con una comida en común en algunos momentos del mes, o en recordaciones especiales.

En fin, hay más, que dejamos para otro momento.

P. Jorge Ambert, S.J.

Para El Visitante

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