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El 8 de marzo de cada año se conmemora el Día Internacional de la Mujer, fecha oficialmente reconocida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), desde el año 1975. Esta festividad tiene como objetivo celebrar los esfuerzos que a lo largo de los años las mujeres han hecho para hacer valer sus derechos; trato igual; desarrollo personal y laboral; así como también ocupar el lugar que, por justicia y derecho propio, le corresponde en la sociedad. Muchas de ellas, aunque físicamente frágiles y de pequeña de estatura, por su firmeza y carácter han demostrado tener, en el desempeño de sus tareas, la estatura de El Yunque y la firmeza del ausubo de nuestra tierra borincana. La historia ha demostrado que los esfuerzos de las mujeres en su defensa contra el discrimen han trascendido fronteras, demostrando los quilates que la distinguen para afianzar su identidad hacia la igualdad de derechos. 

Esta fecha representa un hito en la lucha de los derechos humanos en defensa de la dignidad de la mujer. Como ejemplo de ello, entre otros, figura el hecho de que no fue hasta el año 1929 que se logró aprobar en Puerto Rico el derecho al voto únicamente a las mujeres que sabían leer y escribir. No fue hasta el año 1935 que las mujeres analfabetas pudieron ejercer ese derecho. Luchas como la de obtener el derecho a la educación, por años reservada para los hombres; a la igualdad de paga y de oportunidades en el empleo; ser aceptada en desempeñar profesiones mayormente ocupadas por hombres; ser reconocida como coadministradora de la sociedad de bienes gananciales, y otros tantos derechos fundamentales han sido combatidos, por ellas en pie de lucha, sin tregua. 

No obstante, aunque se ha visto que la mujer ha ido escalando peldaños hacia el éxito en el mundo del trabajo, la educación y otros escenarios sabemos que falta mucho camino por andar. Aún en nuestros días se observa subestima en cuanto a reconocer su presencia y valor en nuestro entorno. Reconocemos que la semilla plantada para defender los derechos de la mujer ha germinado en terreno fértil. Su fruto ha logrado concienciar que el discrimen por razón de género es un crimen contra el espíritu de la humanidad. 

La mujer ha sido por siglos un ser polifacético, de altos quilates. Es ella quien tiene la habilidad de desempeñar, a la par y de manera simultáneas, infinidad de tareas sin menoscabo a su potencial y calidad de trabajo. Podemos decir, más allá de toda duda que las mujeres, por su gesta y desempeño, han dado cátedra de ver en cada reto una oportunidad y siguen firmes y decididas, venciendo escollos e injusticias en la vida.  Valoremos siempre lo que nos une y no lo que nos separa. Demos el valor, los derechos y el lugar que la mujer tiene por derecho propio y le corresponde ocupar en esta Tierra. ¡Que cada día de nuestra existencia sirva para concienciar el valor de la presencia inconmensurable de las mujeres en el firmamento de estrellas y en toda la dimensión sin fin del horizonte del Universo!  En acción y pensamiento, seamos centinelas de justicia e igualdad en el camino que nos toque recorrer en la vida. 

Oremos para que nuestra Isla sea faro protector que brinde luz a la mujer, semilla de bienandanzas sembrada en el surco del corazón, donde cada día se haga presente el amor que brinda alas a la igualdad de derechos y a la esperanza. Seamos forjadores de un Puerto Rico que respeta la dignidad de todos y todas. ¡Qué esta celebración represente un espacio abierto que nos una en sentir solidario, que nos abrace en firme lazo indiscriminado, en la hermandad eterna de la igualdad de derechos del universo!

Sandra S. Rivero

Para El Visitante

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