El corto diálogo que recoge la primera lectura (Am 7, 12-15) y que se da entre el sacerdote Amasías y el profeta Amós supone un gran desconcierto. Lo que a simple vista parece un arrebato de celos por parte del sacerdote esconde muchísimo más porque, quizás sin percatarse o sin ser totalmente consciente, Amasías se ha dejado cargar con pesadas maletas que hacen lenta y difícil su travesía.  

 

El maravilloso himno cristológico con que Pablo abre su carta a la comunidad de Éfeso y que se proclama como segunda lectura (Ef 1, 3-14) describe el equipaje que, en la persona de Cristo, hemos recibido, es decir, toda clase de bienes espirituales con la finalidad de que seamos santos por el amor. Y porque no tenemos otra riqueza que la de su gracia, hemos sido redimidos por su sangre y hemos recibido el perdón de los pecados.   

 

En el trozo evangélico (Mc 6, 7-13) hay un elenco de acciones que permiten interpretar el texto con mucha profundidad. Por una parte, las acciones son: llamar, enviar, dar poder, ordenar; y por parte las acciones de los Doce son: predicar, exhortar, expulsar, curar y ungir.  Con estos listados se puede interpretar toda la liturgia de la palabra de este domingo. En el texto profético, por una parte, Dios llama, envía, da una encomienda y, por otra parte, Amós predica, exhorta, llama a la conversión. En el texto de Pablo también vemos por una parte el Padre que llama, que envía, que da poder para perdonar y que desea recapitular todo en Cristo y, por otro lado, el Hijo que redime, perdona, anuncia, salva y marca con su Espíritu. Desde las acciones de los implicados en la liturgia de la palabra se puede forjar una aplicación concreta para nuestra actualidad.   

 

Si el equipaje de Amasías está cargado de responsabilidades que buscan el beneplácito de los poderosos; el de Amós lo vemos vacío de bienes materiales (sin ovejas y sin sicomoros) y repleto con la palabra de Dios. Así también los Doce andarán con poco equipaje, pero anunciando que la Palabra vive entre su pueblo, que el Reino ya se gesta y que, como dice el salmista (Sal 84), la gloria de Dios ya habita la tierra. Por eso, en palabra de Pablo, hemos de ser irreprochables en su presencia. Los bultos de Amasías pesan porque él ha sido masificado por un sistema pragmático y utilitarista que le impone pasar desapercibido; los de Amós, como ha sido individualizado por la mirada de Dios, son livianos. Así también los Doce caminarán con poco equipaje y, sin esconder sus caras, recibirán alojamiento familiar porque serán reconocidos como enviados y sus rostros reflejarán la buena noticia que pregonan. El rostro de Cristo, según Pablo, nos ha hecho conocer el misterio de su voluntad, conforme a un designio de misericordia. Las cargas de Amasías, como buen citadino interesado en su puesto y los consiguientes privilegios, llevan sobrepeso; las de Amós, rústico pastor que al parecer no encaja con las estiradas costumbres de alcurnia social, no tienen tasas mayores. Así también los Doce transitarán con poco equipaje y se retirarán de donde no les reciban bien porque la conversión que exhortan se da en total libertad. Las valijas de Amasías, diplomático que endulza palabras y cómplice en su comprado silencio, esconden opacos misterios humanos; las de Amós, tosco enviado que no filtra el mensaje y llama las cosas por su nombre, son transparentes. Así también el poco equipaje de los Doce estará al servicio de los necesitados, de los enfermos y minusválidos. Para ellos la palabra anunciada y el ungüento de los bienes espirituales será la mejor riqueza ofrecida. Todo porque en Cristo, como enseña Pablo, hemos sido hechos herederos de un Reino que alaba eternamente la gloria del Padre.  

 

P. Ovidio Pérez Pérez 

Para El Visitante 

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here