Don Pedro L. Rivera hoy es un hombre de mucha fe y humildad, casado, con un hijo y retirado tras una vida entera de trabajo como handyman. Hace casi 40 años que salió de la santería y persevera en la Iglesia. Abrió las puertas de su hogar a El Visitante para crear mayor conciencia en la importancia de la vida sacramental y alertar sobre los peligros de la santería.

 

Supuesta obra espiritual

Proveniente de cuna humilde y abandonado por su padre, creció en los campos de Trujillo Alto. En su juventud llegó a la ciudad y se envolvió en el mundo de la música tropical por las calles del área metropolitana. Buscaba alternativas para lidiar con sus problemas de ansiedad y nervios. En ese entorno musical y de necesidad encontró la santería.

Mientras vivía en un condominio en Trujillo Alto conoció a un nuevo vecino. “Un amigo me dijo que ese vecino trabajaba la obra espiritual, no me dijo que era santería”, detalló sobre el peligroso juego de palabras para crear curiosidad. El vecino lo invitó a su casa y lo estudió un tiempo. Tras la fachada de amistad se vio inmerso en un tipo de santería conocida como los paleros.

En la secta había grados, juramentos, pactos con espíritus malignos, sacrificios de animales, caracoles, collares, profanaciones de tumbas, iniciaciones con cicatrices y los llamados trabajos para hacer daño a otros. “La intención en la santería es que la persona muera a las cosas de Dios”, especificó.

 

Santería es un negocio

Claro que cada paso o trabajo giraba en torno al dinero. La santería es un negocio que se nutre de las necesidades de los más desesperados, según explicó. También, reveló que en Puerto Rico hay mucho sincretismo oculto, principalmente donde hay mucha necesidad, en las comunidades más pobres donde se pueden aprovechar de los que más necesitan. “Muchos piensan solo en cosas materiales”, dijo.

Sobre el sincretismo en Latinoamérica explicó que los esclavos en el tiempo de la colonización escondieron sus deidades en los santos y devociones de la Iglesia Católica. Así podían continuar practicando esos cultos profanos con camuflaje seguro.

En la misma línea, alertó sobre los recordatorios o artesanías de viajes a otros países con figuras alusivas a deidades o amuletos de otras culturas. “Son peligrosos porque contaminan el hogar. Estos objetos atraen la presencia de lo que representa”, advirtió don Pedro.

 

Con el Rosario en mano…

Su salida de la santería fue producto de la misma desesperación que lo llevó a entrar. No tenía un norte, nadie se acercó a predicarle y no tenía en qué apoyarse con tanta maldad a su alrededor. En cierto punto en el largo proceso de iniciaciones decidió salir a causa de guerras personales y de intereses entre santeros, por su responsabilidad como hijo ante la enfermedad de su madre y por el temor de perderlo todo. En el año 1978 salió de forma absoluta y fulminante. Rompió todo lo relacionado a la santería en su vida.

Decidió buscar ayuda y la única puerta que se abrió fue la de una anciana católica de mucha oración y rezo diario del Rosario. Sobre esos primeros pasos, recordó: “Me dijo: ‘Tenemos que encomendarnos a la Virgen María para que ella te ayude. Tienes que entregarte completamente al Señor, rezar el rosario todos los días y tienes que ir a la Iglesia’. Empecé a rezar el rosario a diario con ella. Si no hubiese sido por ella, me hubiese perdido”.

 

Cuatro claves simples 

Se dio a la tarea de asistir al Santuario Santo Cristo de los Milagros de Carolina a pie y en guagua. Allí perseveró en su proceso y en su vida sacramental. En su camino ha recibido la asistencia de varios laicos y sacerdotes. Expresa que los pilares de su vida espiritual son simples: la oración, la visita al Santísimo, el Rosario, la Confesión y la Comunión.

Don Pedro hizo el cursillo núm. 515, laboró 7 años en la pastoral carcelaria, participó 20 años del círculo de oración en San Agustín en Puerta de Tierra, por varios años colaboró con el Santo Nombre de Jesús y rezó el Rosario en la comunidad, visita el Santísimo, porta fielmente su escapulario y asiste a su parroquia San Antonio de Padua en Río Piedras.

“Desde el 1978 estoy fuera de eso y estoy en la Iglesia. El verdadero cristianismo es espiritual, es amor y misericordia, es sacrificio y abandono de lo material. Comulgo, voy a todas las actividades que puedo y me mantengo. Todavía me falta mucho. Estoy bien arrepentido por todo lo que hice, le pido perdón todos los días al Señor. Mi vida será toda de Dios”.

 

“Jesucristo dentro de mí hace más”

Sobre el Sacramento de la Comunión, sostuvo: “La Eucaristía me une al Cristo vivo. Jesucristo dentro de mí hace más que fuera de mí. Cada vez que comulgo es una experiencia única. Pero hay que estar preparados para recibirlo con fe y amor”.

Don Pedro, con voz humilde, argumentó que el único camino es Jesucristo, no hay atajos. En clara reflexión dijo que Dios está verdaderamente presente en los Sacramentos y la relación con Él debe ser algo diario, que no se debe buscar a Dios solo en la enfermedad, en las pruebas o en las tragedias.

 

Pidan a la Virgen

A los que tienen familiares, amigos o conocidos en la santería, pidió que oren por ellos, que le pidan a la Virgen María y que los dirijan a los sacerdotes o personas preparadas en la Iglesia. La Virgen es la defensora por excelencia y el rosario es flagelo contra el maligno.

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