“Si Cristo no ha resucitado, es vana su fe”

Así lo expresaba con fuerza Pablo a mediados del siglo I: “Si Cristo no ha resucitado, su fe es ilusoria y siguen con sus pecados”. En efecto, mis hermanos, la Resurrección de Jesucristo constituye un tema clave; algunos afirman, el tema clave de la fe cristiana”. 

La resurrección, insisto, no es solo un objeto de fe, es el origen y fundamento de la fe. Si esto es así, y esto es así: Cristo Resucitado es, debe ser, nuestra esperanza. Su espíritu debe reavivar, hoy, el aliento de nuestra Iglesia, de nuestras parroquias, de nuestras comunidades cristianas, para despertar la esperanza, con frecuencia, bastante adormecida.

Así lo expresó hace algunos años el Papa Francisco: “Quiero dirigirme a los fieles cristianos para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora, marcada por la alegría de Jesús, e indicar caminos para la Iglesia en los próximos años”. 

Las palabras del Papa Francisco pronunciadas al comienzo de su ministerio, llenas de optimismo y esperanza, tengo la impresión de que se han quedado cortas. Es la hora de descubrir la fuerza que encierra el haberse encontrado, o mejor, el haberse dejado encontrar por Jesús de Nazaret. 

¡Qué transformación sentirían nuestras parroquias, nuestras comunidades cristianas cuando son animadas por el contacto vivo del Resucitado! Pero con frecuencia, celebrar la Resurrección de Cristo para nosotros significa, simplemente, proclamarla, ¡¡¡Cristo ha resucitado!!! Y, nosotros, ¿hemos resucitado con ÉL? Es decir, ¿hemos pasado de la muerte a la vida? El cristiano, el seguidor de Cristo Jesús, muere constantemente para resucitar constantemente. 

Lo expresó muy acertadamente el poeta cuando dijo: “El que no sabe morir mientras vive, es vano y loco. Morir cada día un poco es el modo de vivir”. Es lo más genuino del pensamiento paulino: “Si han muerto con Cristo, resuciten con Él…” (Romanos 6,1-4)

¿Quiénes son hoy los testigos de Jesús?

Es algo incuestionable que la afirmación de fe en la Resurrección implicó en su mismo surgir una experiencia real del encuentro con Jesús vivo, resucitado por la fuerza amorosa de Dios. Para muchos cristianos la Resurrección de Jesús se reduce a un hecho del pasado, algo que sucedió hace más de 2,000 años pero que no sabemos como vivir hoy desde nuestra experiencia. No hacemos el esfuerzo de dejarnos encontrar con el Resucitado que nos dice: “Yo soy el que vive. Estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos. (Apocalipsis 1,17-18)

No hay duda alguna que los primeros creyentes tuvieron experiencias concretas de haberse encontrado con el Señor lleno de vida. 

¿Podemos nosotros vivir hoy algo de lo que ellos vivieron? ¿Con qué experiencias podemos contar nosotros para encontrarnos con Jesús Resucitado? Para hablar de su propia experiencia, Pablo de Tarso dice que “ha sido alcanzado por Cristo Jesús”. ¿Qué nos falta para tener HOY está experiencia? ¿Qué nos falta para ser una Iglesia viva, luminosa, entusiasmante?  ¿Qué nos falta?

Sencillamente, una vez más lo repetimos, la experiencia personal y gozosa con el Resucitado. Solo así arderá nuestro corazón y nos abriremos a la fe, como los discípulos que iban a la aldea de Emaús.

Hablando en una perspectiva pastoral creo que es importante insistir en la posibilidad y en la conveniencia de tener hoy, experiencias pascuales creíbles similares a la de los primeros testigos, seguidores de Jesús: “eran bien vistos”, “oraban juntos”, “tenían todo en común”… “nadie pasaba necesidad”.  El encuentro con el Resucitado lo vivieron como una llamada a anunciar la Buena Noticia a todo el mundo: “Vayan y hagan discípulos”, “sean mis testigos”, “como el Padre me envió así los envío yo”. 

Si algo nos ha enseñado esta pandemia, es que debemos vivir, trabajar, sufrir y alegrarnos juntos. Reinventarse fue otra palabra muy repetida. Es precisamente lo que necesitamos los seguidores de Jesús para ser en este mundo cansado, memoria y esperanza. 

Cristo Resucitado es nuestra esperanza

Alguien ha dicho y pienso que, con mucho acierto, que “la esperanza es algo constitutivo del ser humano. Para el cristiano vivir es caminar hacia un futuro. Su vida es siempre búsqueda de algo mejor. El hombre no solo tiene esperanza, sino que vive en la medida en que está abierto a la esperanza y es movido por ella”. No es una esperanza que se proclama, sino una esperanza que se hace, que se construye con el trabajo de cada día, en las pequeñas y grandes acciones que evidencian   que Cristo Jesús no ha resucitado en vano. 

Hace unos días conversando con un joven sobre ese tema le decía, no creo que exagero: Cristo resucitó ayer como acontecimiento histórico, pero resucita hoy, si tu resucitas hoy, es decir, si tu y yo pasamos hoy de la muerte a la vida. ¡La Resurrección de Jesús no es solo un acontecimiento del pasado!, lo repito una vez más. La fe en la Resurrección se expresa y se manifiesta en la esperanza de una historia y un mundo nuevo, una esperanza que se hace verdad en la praxis del seguimiento de Jesús de Nazaret. 

Quiero terminar esta reflexión pidiendo prestadas unas palabras a un escritor que está muy de moda, José Antonio Pagola. “Porque creemos y esperamos un mundo nuevo, los creyentes no debemos tolerar ni conformarnos con este mundo tal y como hoy es, lleno de odios, lágrimas, injusticia, hambre, mentira y violencia. Quien no hace nada por cambiar este mundo no cree en otro mejor. Quien no lucha contra la injusticia, no quiere ‘unos cielos nuevos y una Tierra nueva donde habite la justicia’. (1 Pe 3,13) Quien no hace nada por cambiar y transformar esta tierra no cree en el cielo”. 

Un poco fuerte, ¿verdad? Por eso lo he citado. ¡Felices Pascuas de Resurrección!

P. Juan Martínez, Salesiano 

jnmartinez162@gmail.com

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