Una crisis social surge cuando ocurre un cambio abrupto en los procesos, causando un deterioro significativo en la estabilidad de una comunidad.  Por ejemplo, nos referimos a una crisis alimentaria cuando, sea por los motivos que fuere, la sociedad no puede satisfacer las necesidades alimentarias de las personas. Las crisis representan un grito de urgencia, de acción, ante una situación que afecta el bienestar de las personas. La crisis puede provocar en un punto de inflexión que motive respuestas y soluciones adecuadas, pero una crisis no atendida puede generar caos y destrucción.

En Puerto Rico, las alarmantes noticias de actos que apuntan hacia la falta de respeto a la vida de las personas, inclusive dentro el ámbito familiar, han llevado a muchas personas a concluir que existe una crisis de seguridad. Se menciona, como manifestaciones de esta crisis: una sensación de inseguridad, una creciente alza en los crímenes, una baja en la resolución de éstos y una desconfianza en las capacidades del sistema de derecho. La crisis de seguridad puede reflejarse en una tolerancia y una pasividad alarmante de los ciudadanos, sintiéndose indefensos ante amenazas a su vida y propiedad o en una creciente actitud hostil y violencia, que abona más al problema. Pero también puede generar un empeño común que propicie un cambio social positivo. 

La Doctrina Social de la Iglesia nos plantea que la realización plena de la persona se logra en la relación con otras personas, dentro de la búsqueda de la justicia y la paz. (Compendio de Doctrina Social, 58) Hablar de crisis de seguridad nos revierte a la importancia de lograr un clima de paz y de justicia, que permita el desarrollo saludable de los pueblos, tanto social como económico.  Pero, ¿cómo se consigue la paz?  

Nos dice la Doctrina Social de la Iglesia que: “La paz peligra cuando al hombre no se le reconoce aquello que le es debido, en cuanto hombre, cuando no se respeta su dignidad y cuando la convivencia no está orientada al bien común”, (CDSI, 494).  Este principio doctrinal lo comparte el mundo secular. El 15 de julio de 1897, el entonces presidente de la República de Méjico, Benito Juárez, en su discurso a la Nación, enunció: “Entre los individuos, como entre los pueblos, el respeto al derecho ajeno es la paz.” La paz es un valor y un deber social. Es también el fruto del amor: es un acto de caridad, (CDSI, 494). 

La verdadera paz se construye, primero a nivel personal y familiar y luego a nivel de comunidad y de pueblo. La paz requiere el respeto a los demás, que se manifiesta en el diálogo y la negociación.  No se puede crear un clima de no violencia cuando, en todas las esferas, nuestros líderes buscan más ganar el argumento, que solucionar y cuando dialogamos para competir y no para concluir.  Tampoco puede construirse la paz sobre la mentira o una falsa interpretación de la realidad del ser humano. “La violencia es una mentira, porque va contra la verdad de nuestra fe, la verdad de nuestra humanidad”, (CDSI, 496).

Hemos llegado a unos niveles de escalada de violencia social, pero hay otros precedentes en el siglo pasado: dos guerras mundiales, conflictos nucleares, cientos de guerras civiles, etc. La Iglesia nos invita a construir un mundo social justo, respetando a los demás. Nos propone vivir la caridad social, Nos invita a “madurar la conciencia de los deberes sociales y morales” dentro de nuestra vida profesional y a partir de nuestra cultura. Promover el diálogo, buscar la justicia, revalorizar el amor en la vida social, practicar el perdón y la reconciliación son las vías para promover la paz a nivel personal y familiar. La perspectiva católica es que la paz es posible. La solidaridad y la búsqueda del bien común son elementos sociales requeridos para conseguir la justicia que promueve la paz. Nosotros podemos elegir ser constructores de esa paz social, comenzando con nuestras actitudes y conductas personales o podemos dejarnos arropar por la palabra crisis y contentarnos con seguir rumbo a nuestra destrucción. Nuestra fe y doctrina nos señalan el camino correcto.

Nélida Hernández

Consejo de Acción Social Arquidiocesano

casa.doctrinasocial@gmail.com 

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