Sacrificio, bondad, gracia de Dios, fidelidad, firmeza, fe y devoción son algunos de los atributos de los testimonios de un sinfín de mujeres en la vida de la Iglesia, desde el Viejo Testamento hasta el día de hoy. Se presentan cinco testimonios de damas que marcaron la historia con sus vidas heroicas sin importar las vicisitudes monumentales que paralizarían a cualquiera.

La llena de gracia

Llamada la nueva Eva, la madre de Jesús la Virgen María encabeza esta lista. Su sí a la voluntad de Dios abrió las puertas al mayor acontecimiento para la humanidad: la Encarnación de Jesucristo. Su respuesta fue: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según su palabra” (Lc 1, 38). El Magníficat, su intervención en las bodas de Caná, su presencia en la Pasión de Cristo y en Pentecostés son solo algunos de los ejemplos de su prominencia, especial relación con Dios y su santidad. Sin duda, María es el ser humano que ha estado más cerca de Dios, más que Abraham, Moisés, cualquiera de los profetas o los propios discípulos de Cristo, pues es hija de Dios Padre, madre de Dios Hijo y esposa del Espíritu Santo. En torno a ella hay cuatro dogmas: la Inmaculada Concepción, la maternidad de Dios, la virginidad de María y la Asunción.

Rut, la moabita

El Viejo Testamento cuenta con el libro de Rut, una historia que evidencia la providencia divina de Dios en la época de los jueces. El ejemplo de Rut, la moabita y viuda que se dirigió a Belén con su suegra también viuda Noemí, encarna lo que debe ser un verdadero discípulo de Cristo. Como era moabita, pertenecía a un pueblo pagano y vivió la dureza de la época. Su humildad, gentileza, fe, oración y bondad fueron de tal magnitud que le ganaron la bendición de Dios. Rut y Noemí no tenían absolutamente nada por ser viudas, fueron a trabajar en el campo. Rut se casó con Booz y tendrían a Obed, abuelo del Rey David. Así tiene un lugar privilegiado en la historia del pueblo de Israel y es antecesora de Jesús.

Perpetua y Felicidad

El martirio de estas dos cartaginesas se dio para el año 202, durante la persecución del emperador Severo, se relata en la Passio Perpetuae et Felicitatis. Perpetua, una joven de 22 años con una fortuna, fue apresada junto a su esclava Felicidad y otros, por el hecho de ser cristiana. Renegó de adorar dioses paganos y fue condenada al martirio junto a todos sus acompañantes: Felicidad, Revocato, Saturnino y Segundo. Las dos mujeres fueron decapitadas y su historia fue tan popular durante los siglos IV y V que incluso San Agustín explicó que se leía en reuniones y en iglesias.

Santa Teresa de Calcuta

Ya en el siglo XX, Santa Teresa de Calcuta (1910 – 1997) cambió la historia reciente con su testimonio de servicio a Cristo en el rostro de los pobres. Su vida fue una entrega absoluta a la oración y el servicio al prójimo de tal forma que fue reconocida por diversos organismos internacionales y hasta ganar el Premio Nobel de la Paz en 1979. “Madre Teresa, a lo largo de toda su existencia, ha sido una generosa dispensadora de la misericordia divina”, sostuvo el Papa Francisco durante su canonización en la Plaza de San Pedro en octubre de 2016.

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