El próximo 4 de julio Sor Bibiana Álvarez Jiménez, OP, confirmará y renovará su entrega a la vida religiosa que hace 50 años hizo como Hermana Dominica de Fátima. A lo largo de estas cinco décadas la religiosa natural de Ponce admitió que ha tenido experiencias maravillosas.

“Estos 50 años han sido ricos en experiencias bonitas, alegres de mucha satisfacción a nivel humano y espiritual. También acompañado de la cruz y del sufrimiento que uno ha tratado de vivirlo a plenitud en la presencia de Él de acuerdo a mis limitaciones, mi miseria y mi pecado”, expresó.

Sor Bibiana reconoció que en más de una ocasión por situaciones personales o por problemas familiares llegó a cuestionarse si la vida religiosa era su camino. No obstante, el Señor “siempre se las arreglaba para hacerme ver que sí, que debía seguir la llamada que Él me hizo”.

Asimismo explicó que no supo que su vocación era la vida religiosa hasta que se graduó de cuarto año. Esto a pesar de que nació en un hogar muy cristiano y que sus padres en silencio oraban porque alguno de sus 12 hijos se hiciera sacerdote o religiosa.

Sobre su proceso de formación que tuvo lugar los primeros años en la Casa madre en Guánica, Sor Bibiana lo describió como uno normal de la mano de su maestra de novicia Sor Jacinta Ramírez y de Madre Dominga Guzmán.

“La conocí (Madre Dominga) y compartí mucho con ella. Incluso tuve la oportunidad de cuidarla durante su larga enfermedad”, comentó. Admitió que lo más que admiraba de  Madre Dominga, era su humanidad. “Era una persona tan cercana, tan íntegra en su fe y en su vida que eso a mí siempre me llamó la atención. Siempre de mi corazón salió esa espontaneidad de llamarla madre y madre era madre”, rememoró.

De otro lado, explicó que tuvo la oportunidad de trabajar por 15 años en República Dominicana y vivió dos experiencias por períodos breves en Venezuela y Haití. “Ambas fueron de mucho reto que calaron hondo en mi vida, pero en Haití como no sabía hablar  creole, utilicé el idioma universal del amor. Ellos son personas amadas por Dios, pero necesitadas de calor humano, acogida, ternura, comprensión y ayuda material también”, expresó.

Al final, aconsejó a cualquier joven que tenga inquietud por la vida religiosa a no tener miedo. “El Señor llama y te da la gracia para vivir esta vida. Lo importante es tener el corazón abierto y disponible para responderle y confiar en él”, dijo quien es miembro del Consejo General del Gobierno de la Congregación, consejera y participa del proceso de formación de las novicias.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here