Tras meses de trabajos centrados en la reconstrucción del techo y diversos daños a causa del paso del vórtice del huracán María en septiembre del pasado año, la Catedral Dulce Nombre de Jesús en Caguas finalmente reabrió sus puertas el 28 de abril. La celebración en la coyuntura de la conmemoración de la beatificación del Beato Carlos Manuel, fue presidida por Mons. Eusebio Ramos Morales, Obispo de la Diócesis de Caguas, junto al clero y el pueblo de Dios. También estuvo presente Padre Obispo Rubén A. González, cmf, Obispo de la Diócesis de Ponce.

Desde temprano las cinco comunidades pertenecientes al territorio de la Catedral y los jóvenes partieron de distintos puntos de la ciudad criolla en peregrinación hasta la casa común de la Diócesis. “Que se escuche en todo Caguas, que suenen las campanas, ¡nuestra Iglesia tiene Catedral! Nuestro Obispo viene a abrir las puertas de nuestra Catedral”, exclamó P. Ricardo Santín, rector de la Catedral, a las 4:00 de la tarde.

“Si grande y fuerte fue el huracán, más fuerte es la pasión y el amor de nuestro pueblo”, dijo Mons. Eusebio antes de abrir las puertas. En ese momento, el Obispo reabrió el templo y el pueblo de Dios llenó la iglesia. En la parte exterior de la Catedral se instaló una pantalla para que los fieles pudieran ver lo que ocurría adentro.

Uno de los momentos más emotivos fue la entrada de la imagen del Beato, la vela encendida y la bandera de Puerto Rico. Estos signos se colocaron en la capilla de la nave izquierda del templo para que la comunidad pida a Dios por la pronta canonización de Carlos Manuel Rodríguez.

“Nos llena de alegría esta celebración eucarística porque volvemos a la casa, a la iglesia madre, a la iglesia catedral de esta Diócesis criolla aquí en el corazón de Puerto Rico: Caguas. Que se sienta la alegría de todos, hermanos, en esta su casa la Catedral de Caguas”, sostuvo el Obispo Eusebio al inicio de su homilía.

Explicó que ese “abrazo del huracán” a la iglesia solo sirvió para impulsar los trabajos que con “mucho cariño y empeño eran necesarios”. Así el Prelado agradeció al rector de la Catedral, a las comunidades y todos los colaboradores. Detalló que aún queda mucho por hacer, pero el acontecimiento del día es uno para “llenarnos de ánimo”. Mons. Eusebio aprovechó la oportunidad para catequizar sobre la importancia de la casa de toda la Diócesis: la Catedral.

La reconstrucción del templo que requirió el esfuerzo, ideas, conocimiento, trabajo y donativos, no hubiese sido posible sin la ayuda de las comunidades de la Catedral y distintos colaboradores anónimos. Se renovaron los techos y el vitral del rosetón (detalle arquitectónico que caracteriza la fachada de la Catedral); se reemplazaron vitrales, abanicos y tejas; se restauró el Cristo crucificado; se pintó el interior y el exterior; y se reconstruyeron patios, portones y varios bancos.

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