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Hace años y estando en el esfuerzo por conseguir ayuda para edificar nuestra Casa Fernando, para los talleres de Renovación Conyugal, recibí esta carta.  Es todo un testimonio para que aquel que acaricia de idea del divorcio lo piense otra vez. Lo triste es que no es una pareja en estas circunstancias, sino que son demasiadas.  Escribe así:

“Me he decidido a escribirle, luego de recibir una carta suya,  muy hermosa, pidiendo un donativo para su nuevo hogar.  Tiene usted mucha razón cuando nos dice que fuimos de las afortunadas parejas en llegar a Renovación.  Desafortunadamente tomamos una decisión muy radical, y muy ligera, de la cual, yo por lo menos, me he arrepentido.

            X y yo decidimos divorciarnos, pensando que esa era la solución a los problemas.  Creo que en ese momento pensamos que era la solución más adecuada, ya que los pequeños o grandes problemas que teníamos nos estaban asfixiando.  Pronto yo me di cuenta de que esa era la solución más estúpida que yo pude seleccionar,  ya que en la soledad en que me encontré, hallé que él es el hombre que yo amo, que amé y que amaré, pero que por orgullos tontos dejé ir. Creo que en ese momento no tuve la madurez suficiente para darme cuenta de mis errores, y se los achaqué todos a él, pensando que yo estaba correcta.

            Sola me di cuenta que fui intransigente, orgullosa y poco dócil.  Nunca busqué, ni buscamos la espiritualidad para nosotros y para nuestra relación.  El camino de la felicidad es tan estrecho que nosotros dos no cabíamos por separado, teníamos que convertirnos en uno solo para poder caminar en él.  Yo fui lo bastante egoista, Padre, y no promoví esa unión.

            Ahora estoy tan arrepentida.  Yo hice el avance para buscar un acercamiento entre los dos hace unas semanas.  Hemos salido unas pocas veces y hemos hablado mucho.  X está muy herido y aunque él cree que todavía me quiere, no que me ama, tiene muchas dudas sobre volver a tener una relación fija conmigo.

            Yo he madurado tanto en estas últimas semanas como no lo he hecho en toda mi vida.  He orado a nuestro Padre pidiéndole consejo, serenidad, paciencia y esperanza, y he visto respuesta a mis oraciones.  He puesto mi corazón delante de todo y he dejado que él hablara por mí.  Dicen que cuando se habla con el corazón, se tocan las fibras más internas del otro ser. No sé qué pasara de este nuevo giro en nuestras relaciones, pero si Dios decide que volvamos, eso pasará, por lo que le ruego que nos tengan en oraciones…

            Yo no puedo cooperar con ustedes como yo quisiera, ya que estoy económicamente sola en este momento, pero si quiero enviar un pequeño donativo, porque creo que su obra viene del cielo para ayudar o crear un mundo mejor y más feliz…”

Es carta que motiva nuestro ministerio de acompañar parejas a crecer en su relación humana de amor.  Es carta que anima a proseguir,  con diversos métodos y tareas, nuestro trabajo apostólico.

P. Jorge Ambert, SJ

Para El Visitante

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