(Segundo de varios artículos)

Pues me voy por lo civil

“¿Y podrá un católico asistir o ser padrino de una boda ‘no llevada a cabo por y en nuestra Iglesia’?”. Ahí entran esos que, cuando les exiges lo mínimo, se molestan y dicen que “se van con el juez”. Lo que se desprende por pura lógica es que la Iglesia no puede aprobar tales uniones, ya que las considera “irregulares” (un cura viejo diría “concubinarias”). La prohibición de asistir o ser padrinos en tales bodas no la encuentro en el actual Derecho Canónico. Ni recuerdo que actualmente haya legislación local en contrario. Desde luego no se vería tan bien que un clérigo tomase parte activa en la celebración civil misma, porque se podría entender que da lo mismo casarse así que casarse en la Iglesia. Yo he negado mi presencia en estos casos.

Por otra parte, sería cruel, pienso yo, que se les prohibiese a los parientes próximos participar en la ceremonia. Hay matrimonios y matrimonios. Como dije antes, no sabemos lo que internamente está pasando. En un exceso de celo y verticalidad parecería mejor negarnos a cuquear participación, para dejar en claro que no consideramos ‘eso’ matrimonio. La prudencia nos dictará si de tal modo se consigue un bien mayor. San Pablo no prohibió a los Corintios comer carne de ídolos, pues “los ídolos no son nada, pero si el comer escandaliza a los hermanos, pues no comeré, por caridad”.

Arar sobre piedra

Es triste tener que reconocerlo, pero la ignorancia es tan grande que, aun personas supuestamente muy católicas, entran con gran facilidad en matrimonios civiles, pensando que lo único que sucede es que “ahora no puedo comulgar”. Nuestra prédica de matrimonio indisoluble no les entra. Te dirán que eso es una ley de la Iglesia (y más claro no pudo haber hablado Jesús mismo). O sencillamente no ven eso de permanecer célibes toda la vida; es algo que no les cabe en la mente. Ya el mismo Jesús lo comprendió y por eso dijo: “No todos entienden este mensaje sino solamente aquellos a quienes se les ha concedido… hay eunucos que se hicieron a sí mismos por el Reino de los Cielos” (Mt 19, 11). El pastor no debe contemporizar aceptando como válido lo que no lo es; por otro lado no puede perder terreno con actitudes de rechazo acre o farisaico. En esto vale también el sabio principio de que “hay que arar con los bueyes que se tienen”. O lo otro: “Odia el pecado, ama al pecador”.

“Pues yo, como quiera, voy a comulgar”

“¿Y habrá alguna razón para que estos recasados civilmente puedan recibir la comunión y los demás sacramentos? ¿Puede un sacerdote darles permiso?”. Desde luego, lo del permiso me molesta, porque no somos nenes para andar pidiéndole permiso a papi, y segundo porque ese permiso no existe. Es verdad que muchos se acercan hoy día a comulgar como si nada, pero lo hacen por ignorancia crasa en la mayor parte de los casos. En ese sentido hay muchos sacrilegios materiales (en sí), que no se hacen formales (pecado punible) por la ignorancia de los que comulgan en esas condiciones. Hay algunos que curiosamente piensan que sí pueden confesar, pero no comulgar. Hay otros que alegan que es por culpa de una ley de la Iglesia necesitada ya de cambio. No es así. Si como dijimos arriba, “técnicamente” te encuentras en una situación de adulterio, no puedes comulgar. ¿Habrá algunos que comulguen conscientemente y no pequen? Me imagino que serán, como dije arriba también, los que viven “como hermanos”, o los que, convencidos de haber vivido un matrimonio nulo actúan en conciencia como libres. Pero eso no es por permiso de nadie, pues ese permiso no lo puede dar ni el Papa. Dios que mira en lo interior escrutará los corazones.

(Padre Jorge Ambert)

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