Carta a Teófilo y el recasamiento

Querido Teófilo: Pensarás que me estoy dando un guille de San Lucas al darte ese nombre. Así te llamo por tus cuestionamientos en torno al matrimonio, en que muestras un deseo sincero de amar a Dios buscando su voluntad. Me siento un poco incómodo al contestarte, no porque no tenga ideas claras al respecto en lo teórico, sino porque sé que, al aplicarlas, se duelen muchos y dirán como el Señor: “Dura es esta palabra”.

¿Hay matrimonio con amor y estás pecando?

Me preguntas, ¿están en pecado mortal los divorciados de un matrimonio católico que vuelven a casarse, o los católicos casados a lo civil? Fíjate, para los bautizados en la Iglesia Católica, el único matrimonio firme y válido -y sacramento- es el realizado según nuestro rito o autorizado de otra manera por la autoridad eclesiástica. Contraer matrimonio sin esto sería como no contraer ninguno. Contraerlo así, válidamente, anula cualquier otro matrimonio atentado mientras dure ese primero. Si me divorcio por la razón que sea, sigo obligado a ser fiel al primer cónyuge mientras este viva. Casarme con otra persona sería “técnicamente hablando” meterme en adulterio, lo que en sí es pecado. Y eso aunque se alegue (y fuese verdad) que es una relación por amor sincero.

Esta es la doctrina en frío. ¿Pero tendré yo razón cuando, sin conocer más, afirmo que fulano está en pecado mortal? No me atrevo yo a juzgar de ese modo. ¿Por qué? Primero, el único que conoce el interior es Dios.  Segundo, es posible que el primer matrimonio católico haya sido nulo, por haberle faltado elementos fundamentales para ser sacramento firme y válido ante Dios. Aunque es la autoridad eclesiástica quien lo debe anular “en el foro externo”, sin embargo, ante los ojos divinos es ya nulo, lo que excusaría al que alega tener conciencia de estar en dicha situación. Tercero, es posible que las parejas de ese nuevo matrimonio “adúltero” hayan decidido vivir “como hermano y hermana”, lo cual según los antiguos (al ser imposible la separación) los libera de la situación irregular ante la Iglesia.

Testimoniar por fe la indisolubilidad

Ciertamente hay muchos que, por un mal menor, han tenido que llegar a la decisión triste del divorcio. La Iglesia siempre ha reconocido un derecho a “separación”. En nuestra sociedad civil eso se obtiene mejor con un divorcio civil. Queda para el cristiano, que reconoce como válido su anterior matrimonio, la obligación de vivir dando testimonio de la indisolubilidad. Hay que reconocer que es un testimonio heroico. El corazón humano está hecho para compartir en esta relación, que no es sola ni principalmente sexual, sino afectiva. Mucho más cuando el cónyuge es la víctima y queda en gran desamparo con ojos a su cargo, y aparece entonces un ser humano que le ofrece protección. Yo no puedo sino seguir llamando “irregular” a este nuevo matrimonio, pero no me atrevo a juzgar cómo Dios ve la situación. Exhortaré al que se divorcia a que dé testimonio de la indisolubilidad, pero cuando no me hagan caso, dejo todo en manos de Dios, que es quien sabe más. Solo la cuchara sabe lo que hay en la olla.

 

In timore et tremore

¡Si supiérais mis emborujos cuando viene una pareja (segundo matrimonio) que ahora sí han entendido lo serio de esta unión, cuyo nuevo matrimonio cree en los valores que Jesús deseaba, que cuidan amorosamente los hijos del anterior y han procreado nuevos! Si juzgo by the book, tendría que exigirles severamente que se separen, para salir del estado de pecado. Te lo confieso a ti calladamente: yo no me atrevo a tanto. Si San Agustín encontraba semillas del Verbo en toda la creación, y en el mundo pagano repleto de errores, ¿no las habrá grandemente en estos corazones cristianos, mucho más cuando comienzan a recibir luz intensa en los caminos de Jesús? Te podría contar muchos casos de estos, a quienes yo conceptúo mejor que yo en su acogida a Dios, y a quienes les suena como absurdo eso de los moralistas de “como hermano y hermana”. Como Iglesia mantendremos la exigencia total. La última palabra es del Señor.  Yo me quedo mudo, como Zacarías. (Continuará).

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