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Caminamos en esperanza, ha dicho el Papa Francisco al final de su encíclica Fratelli Tutti. Sí, opino que caminamos en esperanza cuando protestamos por la violencia de las guerras, como la invasión rusa a suelo ucraniano y el conflicto en Tierra Santa. Así lo ha hecho el Santo Padre en las páginas del periódico digital del Vaticano (Vatican News). Caminamos en la esperanza cuando nos paramos frente a la imposición de deudas externas injustificadas, la eliminación o rebaja de las pensiones de maestros, el maltrato a la niñez y a los ancianos, el racismo, el rechazo a la diversidad humana, el crecimiento de la pobreza en los países periféricos como Puerto Rico y Haití, además de zonas africanas en las que prevalece la carestía de alimentos.

Caminamos en esperanza cuando socorremos a los emigrantes, la población infantil, atendemos a los jóvenes de las penintenciarías juveniles, a los confinados, a los niños con autismo y a los deambulantes que duermen en la calle, si tienen suerte, sobre camas de cartón. Otras veces duermen en las escaleras de edificios o en la acera. El amor y la esperanza deben ofrecer opciones que no sean abstractas sino concretas. Así, al igual que el Papa, se deben expresar los católicos y defensores de los derechos humanos que quieran lograr la paz mundial.

Caminamos en esperanza cuando socorremos al distinto a nosotros o nosotras y respetamos las diferencias raciales y sociales, cuando proponemos proyectos que nos ayuden a hacer que el reino de Dios esté en la tierra.  También cuando hacemos relaciones diplomáticas y dialogamos, en lugar de pelear o apoyar actividades bélicas. Ernesto Cardenal ha expresado que la alegría es un acto de confianza en Dios. Caminemos en la esperanza hoy y siempre. ¡Llevémosla! 

Prof. Carmen Centeno Añeses

Catedrática UPRB