No cabe duda que en esta celebración hay razones para alegrías especiales. Se trata de una renovación solemne, con rasgos misteriosos, de un amor humano que se pronunció hace años.  Ahora, y como un nuevo gesto de amor, se renueva ese sí humano en un escenario de fe cristiana y católica, que tanto representa para cada uno. Amar es dar y darse. Y sin duda que hoy este esposo regala un gesto de gran valor, no por lo que para él pudiese representar, sino por lo que él sabe que ella aprecia. Es el Perry Mason que pierde a propósito un caso, para no afectar la verdad del contendiente, verdad para la cual este carece de pruebas.

A pesar de todas las limitaciones que conlleva una relación humana, estoy seguro que ustedes dos recordarán muchos otros momentos de haberse regalado algo no por el provecho propio, sino por obsequio al otro. Les animo a recordar y agradecerse mutuamente esos momentos. También los momentos de lágrimas que regaron semillas de mayor madurez y logros. Tal vez los momentos en que hubo humillación para recobrar perdón, hubo paciencia para cosechar abrazos.

Si Dios es amor, como enseña San Juan, qué mejor que invitarle a ser parte del amor que ustedes han vivido por tantos años. Hoy han tocado un pedazo de ese cielo, que también existe aun para los ojos del ciego que no podrá gozar su color. En la aldea de Caná sin duda se celebraron muchas bodas, pero solo de una se dice que fueron invitados Jesús, su madre y sus discípulos. Y en aquella boda surgió lo inesperado: el agua se convirtió en vino. El abrirse hoy ustedes,  para asomarse a la ventanilla de la trascendencia debe realizar algo inesperado en los caminos del amor.

Hoy brindamos porque dijeron “Sí” y lo mantuvieron. Brindamos porque el Sí de ustedes fue como el de Jesús al Padre, que a nosotros nos redime. El Sí de ustedes era una resonancia y eco del de Jesús. En aquel entonces comenzaron un camino con la alegría en la mente.  Hoy recordamos también las durezas y amarguras que van en el paquete. Por eso brindamos con mayor razón. Los amigos les felicitamos por esta celebración. Los amigos unimos cada uno sus mejores sentimientos para formar en este momento una hoguera de buenos deseos para el futuro que Dios les depare en adelante. Por eso ¡felicidades! y ¡Salud!

(P. Jorge Ambert, SJ)

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