El ambiente festivo del Paseo de la Princesa y las calles del Viejo San Juan de la tarde dominical del 25 de marzo tuvieron un acento espiritual y de amor a la vida; un signo de paz y oración. Esto por la marcha Amando la Vida, llevada a cabo por un grupo de la Vicaría de la Familia de la Arquidiócesis de San Juan liderada por el Arzobispo Metropolitano y Padre Phillip “Felipe” Núñez Carrión, vicario de la Pastoral Familiar. Todos vestían de blanco con ramas en mano por el inicio de la Semana Mayor.

Al inicio del acto, el Arzobispo Metropolitano se dirigió a los presentes en un mensaje emotivo centrado en el amor a la vida. Expresó: “Estamos aquí para manifestar nuestro deseo y convicción de que se respete y ame la vida desde el primer momento de la concepción del ser humano”. Añadió que la marcha es un signo de esperanza en un Puerto Rico que comienza a levantarse y que toda vida, desde la concepción hasta el último instante, es amada ante los ojos del Dios creador. También, urgió a defender a los más indefensos y vulnerables, esos que habitan en el vientre del seno materno: los no nacidos. Al mismo tiempo pidió que cada año se realizara esta manifestación de paz y promoción de la belleza de la vida.

El acto por la vida inició a la hora de la misericordia, a eso de las 3:00  de la tarde, frente a la Compañía de Turismo en el Paseo de la Princesa. Tuvo cinco paradas, para el rezo de los misterios del rosario de la familia, distribuidas del camino a la Catedral por las calles de la ciudad amurallada.

Mientras pasaba la rogativa por las calles, los establecimientos bajaban el tono de la música. Muchos se colocaban en actitud de oración, otros con respeto, otros tomaban fotos del acto y no faltaron los que se unieron a la iniciativa. Una de las pancartas de los presentes decía “Un niño salvó el mundo” (con una foto de María con el Niño Dios en brazos); otra “Amando la Vida” con una familia unida, por el tema central del acto.

“Dios bendice a estos niños por nacer”

La manifestación por la vida llegó a la escalinata de la Catedral para un sencillo, pero significativo acto. Un pequeño grupo de mujeres embarazadas pasó al frente junto con sus familiares y Mons. Roberto realizó la oración por el niño dentro del vientre materno.

“Dios, autor de la vida, te pedimos que bendigas a estos niños aún por nacer; dales una constante protección y un saludable nacimiento”, pronunció el Arzobispo. También se presentaron a Dios y se bendijeron a las familias y a los matrimonios que desean concebir hijos y los que desean adoptar a un niño.

Por su parte, P. Phillip “Felipe” Núñez, vicario de la Pastoral Familiar, describió la experiencia como una especial y llena de paz. “Cuando rezábamos el rosario de la familia muchos transeúntes se unieron. Fue un momento significativo porque muchos todavía no tienen ese encuentro con el Señor que los empuja a venir todos los domingos a misa. El solo pasar frente a ellos en oración, fue un signo que fue aprovechado para vivir un momento espiritual”, sostuvo P. Felipe.

A los matrimonios que por alguna razón no pueden procrear, les invitó a la siguiente reflexión: “También puede dar vida a tantos niños que no tienen la oportunidad de tener una familia que los ame -con la adopción-”.

Emisarios de la belleza de la vida 

La procesión se centró en el amor a la vida. Sobre esto, aclaró que “cada uno es portador de vida y debe proclamar lo hermoso de la vida”. En ese sentido, exhortó ir más allá y promover la belleza de vivir como la mejor manera de convencer al hermano que no tiene un concepto claro o tan profundo de importancia de la vida desde la concepción hasta la muerte natural. “Como pueblo debemos dar testimonio de lo hermoso de la vida”, concluyó.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here