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El pasado domingo 4 de septiembre, se celebró en la Plaza de San Pedro en Ciudad Vaticano, la misa de Beatificación de Juan Pablo I, en una mañana lluviosa y con la presencia de miles de fieles que fueron particípes de este acto. Albino Luciani (nombre de pila del Papa) fue el Patriarca de Venecia antes de ser elegido como sucesor de Pedro. Su pontificado, a pesar de que duró 34 días, fue y ha sido clave en la historia de la iglesia. 

La ceremonia de beatificación fue presidida por el Santo Padre Francisco, cabe destacar que por la condición persistente en la pierna del Papa, la misa fue celebrada por el Cardenal Marcello Semeraro, quien es el Prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos. Esto ha sucedido en las últimas celebraciones luego de que el Papa fue operado. ¿Qué diferencia tiene esto? El Papa preside los ritos desde el inicio de la misa, luego el rito de beatificación, la liturgia de la palabra y la homilía. Luego del símbolo de la fe, la oración de los fieles; al iniciar la liturgia eucarística, el Cardenal Prefecto asume la celebración hasta el final de la misa donde el Papa dice la oración después de la comunión, recita el ángelus y da una exhortación a los fieles. Al concluir esto, despide al pueblo con la bendición solemne. 

El rito de beatificación se dió al inicio de la misa, se hizo la petición de beatificación por parte del Obispo de la Diócesis de Belluno-Feltre en Italia, Mons. Renato Marangoni y el Postulador de la Causa, luego se leyó la biografía del siervo de Dios. Al concluir, el Papa pronunció la fórmula con la que se declara y define Beato al Venerable Siervo de Dios Juan Pablo I, fijando que el beato sea conmemorado en toda la iglesia universal el día 26 de agosto. Tras estas palabras, se entonó el solemne aleluya y del balcón central de la basílica, donde yacía un telón cubierto de tela blanca, se subió y fue descubierta la imagen del ya beato. Al concluir el canto, se entronizó la reliquia en el costado izquierdo del altar. 

El Santo Padre en su homilía enfatizó que “es hermosa una Iglesia con el rostro alegre, el rostro sereno, el rostro sonriente, una Iglesia que nunca cierra las puertas, que no endurece los corazones, que no se queja ni alberga resentimientos”. El Sumo Pontífice también señaló que, “el Papa Luciani vivió una caridad intensa hacia Dios, hacia la Iglesia y hacia la humanidad. Y que el nuevo Beato vivió de este modo: con la alegría del Evangelio, sin concesiones, amando hasta el extremo”. 

Fueron varios los países que fueron representados entre la asistencia de fieles. Entre ellos, se pudo destacar la representación de la Diócesis de Belluno-Feltre de Italia, lugar donde nació el Beato en el año 1912 y se inició la causa de canonización en el 2003; así como de la Arquidiócesis de Buenos Aires, lugar donde fue reconocido el milagro atribuido a la interseción de Juan Pablo I en favor de una niña que estaba a punto de morir por una enfermedad cerebral.  

Entre los diferentes obispos, sacerdotes y religiosos, se destacó la presencia de tres obispos puertorriqueños que concelebraron en la misa y se encontraban en Roma esa semana tomando cursos de formación para nuevos obispos. Estos fueron Mons. Angel Ríos, Obispo de la Diócesis de la Diocesis de Mayagüez, Mons. Luis F. Miranda, Obispo de Fajardo-Humacao y Mons. Alberto Figueroa, Obispo Auxiliar de San Juan. Uno de ellos, Mons. Alberto, por su parte expresó que: “para mi fue muy significativo ver que, a pesar de la lluvia y algunos rayos pavorosos, la celebración continuó, incluso con muchos obispos y gente mojándose. Fue como un signo de la Iglesia que persiste en su misión a pesar de todas las crisis, al final siempre sale el sol”, dijo para El Visitante. 

David R. González Sánchez

Para El Visitante

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