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Lo cuenta con mucha picardía el famoso P. Espinoza. Le preguntó a una pareja ya mayor, ¿Cuánto tiempo llevan de casados? “Veinticinco, Padre, y no nos bajamos del burro”. Y uno se pregunta ¿qué tiene que ver un burro con el matrimonio? Profunda metáfora. Porque el caballo se mueve a todos lados, se encabrita, apresura el paso en carrera, o se entretiene en el paso fino. El carro tiene toda posibilidad de movimiento, volteando a capricho del chofer, ¡y hay cada caprichoso! Pero el burro se enfoca solo en una dirección, la que le indicaron al comienzo. Va a su paso lento, vacilante, sin prisa ni angustia, y tampoco reversa. Si se cansa, ahí mismo se detiene. Es terco, él decide qué hace y cuándo lo hace. No se mueve del lugar hasta que el mismo lo decide. De nada vale el fuete y que lo halen por las riendas. Recuerdo a Balaam en el Génesis. Y el regaño que le habló al profeta. El burro se para un tiempito; si quiere mastica hierba, y entonces prosigue su marcha. Es lo que pedimos del matrimonio. No te bajes del burro. Aguanta.

Un amigo, pasando por una de las normales cruces de todo matrimonio, (y de toda actividad humana, por cierto) recibió a su esposa airada que le gritaba: “No aguanto más, yo quiero divorciarme”. “Pues se te hará difícil, pues yo no me voy a divorciar; a ver como tu te arreglas”, le respondió el. Eran los tiempos en que el proceso de divorcio era difícil y contencioso. Ella se aplacó y comenzaron a buscar la ayuda por la que salieron del hoyo emocional. Persevera, aguanta, no te bajes del burro. Persevera, permanece quieto en la sala hasta que amaine el temporal. Dice el Señor “El que persevere hasta el final recibirá el premio”. Esta es una pelea a doce asaltos. La esperanza es que ganarás por knock-out, aunque sea en el último asalto. No tires la toalla, ni abandones el ring.

Claro, no puede ser pasividad. Tampoco es solución. Sería resignarte con cara de mártir hasta la muerte, como tanto matrimonio soso, que ni para largarse saca fuerzas. Te quedas dentro, pero pidiendo auxilio. Es el momento de humildemente pedir ayuda. Da el paso. Hoy día, no así en tiempos de nuestros abuelos, hay mucha facilidad en guías preparados para afrontar la tormenta. Son los “Nino Correa, los 911 del espíritu; son los que te aportan un paraguas para esta lluvia. El que te rescata de la cueva desde un taxi. NO te bajes del burro.

Si el matrimonio comenzó con una firme zapata; si se han cosechado éxitos en la ruta de amor, y no hay duda de que el comienzo fue genuino; si no vives una situación de posible muerte natural o emocional. ¡No te bajes del burro! Me da mucho contento oír de un político latinoamericano, que durante treinta años vivió en la oposición, les impedían el acceso a los medios para exponer su pensamiento sobre la nación, le robaron dos elecciones que había ganado, pero al fin llegó al puesto deseado. Y cuando los periodistas le replicaban que sus cambios no prosperarían, respondía: “No creas, es que yo soy muy perseverante”. Es triste que en nuestra época sobren los carros privados. Y mejor si son eléctricos, o nos vamos en avión. Pero si vas al matrimonio, súbete al burro. ¡Y no te bajes! 

Padre Jorge Ambert, SJ

Para El Visitante

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