(Homilía del Domingo de Ramos en la Catedral de San Juan)

 

Mons. Roberto O. González Nieves, ofm

Arzobispo Metropolitano de San Juan

Queridos hermanos  y hermanas: El domingo de ramos que celebramos hoy, es un anticipo del próximo domingo, llamado Pascua florida, el triunfo de la resurrección del Señor Jesús. Un domingo en que abrimos solemnemente la Semana Santa, con el recuerdo de las Palmas y de la Pasión. Es la Semana Santa después del paso de los huracanes, Irma y María.

Hoy se nos invita a entrar conscientemente en la Semana Santa de la Pasión gloriosa y amorosa de Cristo el Señor. Esta es una semana para estar lo más cerca posible de Jesús y para permanecer a su lado, para apreciar de una manera privilegiada el derroche de amor de Dios por nosotros y nosotras: la infinita misericordia y la verdadera fuerza que mueve al mundo, la fuerza de Dios, una fuerza que se nos revela con la resurrección de Cristo.

Es una semana santa que nos debe tocarnos muy de cerca. Es una semana donde vemos los dos extremos en su máxima expresión. Por un lado las fuerzas del mal exhibiendo su nefasto rostro: el de la difamación, la persecución, la burla, el acoso, la violencia, la tortura, la injusticia y por último, la muerte.

Por otro lado, nos topamos con otra manera de ser, la manera de Jesús. Humilde como es, entra a salvarnos en un simple burrito. Entra a implantar su reino, en medio de los humildes, pobres y desesperados que lo aclaman como su rey alzando ramos. En esta nueva forma de regir, los pobres cuentan, su alegría importa y los humildes tienen participación y son considerados. Una manera de ser donde ante la violencia se responde con paz, ante el insulto con perdón, ante los gritos de odio se responde con palabras de amor. Esta es una manera de ser, de actuar tan necesario en Puerto Rico si vamos a levantar a Puerto Rico sobre nuestros cimientos cristianos.

Esta manera de ser de Jesús mostrando su sensibilidad con los pobres y vulnerables la debemos tener presente en la reconstrucción de Puerto Rico. Por ello invito a una política de sensibilidad con nuestros pobres y vulnerables en todas las reformas que se están proponiendo en las estructuras de nuestro gobierno local. Por ejemplo, pienso que reducir los días de vacaciones y de enfermedad en el sector privado a siete días cada uno, es una propuesta que carece de justicia y de sensibilidad.  El tiempo de vacaciones no es tiempo de ocio, es tiempo de compartir, tiempo de reposo, de reflexión, tiempo para vivirse  en familia y las amistades; es tiempo para orar. Pido que se retire esta propuesta por atentar contra la salud y calidad de vida.

Esta Semana Santa se nos presente como una gran escuela para nuestras vidas pues se nos enseña que el mal nunca triunfa, que el  mal habla y grita pero nunca tiene la última palabra; que la última palabra la tiene el poder de Dios; se nos enseña que ante los aparentes fracasos, dificultades, la devastación, siempre existe la mejor carta, la carta de Dios, la carta de su poder resucitador capaz de hacer surgir la vida aún después de la muerte.

Esta es la gran semana para fijarnos más en Jesús, para acercarnos más al latir de su corazón amoroso y misericordioso, para descubrir en cada paso del Señor, en cada gesto, en cada palabra, en cada mirada, en cada herida, en cada llaga, en cada gota de sangre, en cada espina,  ahí, también Dios nos tenía presente porque al fin y al cabo de lo que se trataba y se trata, es de la redención de toda la humanidad.

Esta es una semana singular para acompañar a Jesús. Hoy lo acompañamos montado sobre un burrito en su entrada triunfal y mesiánica a Jerusalén; el Jueves Santo, nos unimos a su Última Cena, a la institución de la Eucaristía y el ministerio sacerdotal; el Viernes Santo lo acompañamos, esta vez montado sobre la cruz en su pasión y muerte; luego lo acompaños en la tristeza y la desolación junto a las valientes mujeres camino al sepulcro; y en la vigilia pascual, lo acompañaremos en su resurrección como anticipo a la nuestra.

Esta es una semana hecha para nosotros, por nosotros y con nosotros y nosotras en mente; es una semana para abrirnos a la vida eterna, para repensar nuestras vidas a la luz del sacrifico de Jesús.

También esta es una semana hecha para Puerto Rico, especialmente en estos momentos de valles oscuros. Porque es una semana donde todo hace sentido a la luz del actuar divino. El sufrimiento de Jesús, su pasión y muerte tan cruel y sangrienta y su gloriosa Resurrección deben llenarnos de esperanza, consuelo, paz, alegría espiritual, fortaleza espiritual para enfrentarnos a los retos con valentía y esperanza en la reconstrucción de nuestra Patria.

Queridos hermanos y hermanas esta es nuestra semana como pueblo católico y cristiano puertorriqueño;  es una semana para ponernos de pie, para levantarnos, para resurgir con renovadas fuerzas, esperanzados en un mejor Puerto Rico donde Jesús, como lo hizo en Jerusalén, entre, entre en nuestros campos y ciudades y hogares como el Buen Pastor que nos ama, perdona, sana y restaura.

Que el Señor les bendiga y les proteja siempre.

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