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¡Servir! El don más hermoso que se nos ha regalado para impactar a un grupo de individuos que tienen las mismas creencias, comportamientos o pensamientos. Es lo que nos hace una comunidad en Cristo, fervorosa y diligente ante los llamados que Jesús nos dicta en el corazón para beneficio del prójimo que necesita el Corazón de Jesús. “Hija Mía, he inclinado mi Corazón hacia tus súplicas, tu tarea y empeño aquí en tierra es implorar la Misericordia para el mundo entero”, (Diario de Santa Faustina, 570). Al servir nos convertimos en un puente especial para impactar almas y poder llevarlas a nuestro Padre Misericordioso.

¿Cómo nos podemos acercarnos al servicio? Escuchando el llamado que en, muchas ocasiones Jesús se encarga de colocar en nuestro corazón o que conozcamos el mismo a través de personas que Él envía. Una vez ese llamado se activa, nuestro espíritu se alinea con lo que Jesús pide. Como católicos practicantes, creemos, promovemos y respetamos los dogmas de nuestra Iglesia y seguimos de cerca el cumplimiento de los Mandamientos y de la Sagradas Escrituras. Sin embargo, la sinergía de nuestro dogma, servicio y voluntad hacen que la Devoción de la Divina Misericordia se disemine con más fuerza a lugares que jamás pensamos pudiera llegar. ¡Así es el poder de servir a nuestras comunidades!

Las comunidades en nuestros barrios y sectores en Cayey son únicas. Son dirigidas por personas pintorescas, humildes, amorosas y piadosas. Es por eso que nuestras capillas se vuelven espacios de formación, lugares de encuentro, de hermandad y recintos de adoración a Jesús de la Divina Misericordia. ¡Su servicio y gratitud son su carta de presentación para seguir recibiendo nuevos laicos que quieran conocer a Jesús!

Jesús nos llama por nuestro nombre a servir desde el momento particular que vivimos. Tal vez unos puedan servir un poco más que otros, pero todo gesto y servicio nuestro Padre lo ve y cuando menos lo pensamos Él nos bendice de una manera especial. ¡Así es nuestro Padre celestial! Algunas maneras muy prácticas en donde podemos servir en nuestras Parroquia y capillas son: (1) Pertenecer a los lectores; (2) al coro; (3) al grupo de oración y adoración eucarística; (4) ser voluntario para llevar las ofrendas; (5) donar artículos y obsequios bendecidos (por un sacerdote) para la comunidad que sirvan para momentos especiales en la Iglesia (Ej: Día de las Madres, Nochebuena, Día de los Padres, Pentecostés, Fiesta de la Divina Misericordia); (6) regalar esporádicamente alguna estampita con alguna oración para seguir difundiendo el Evangelio; (7) visitar enfermos, discapacitados o personas mayores que no pueden asistir a misa; (8) asistir en la decoración de las celebraciones del templo; (9) promover los Jueves Eucarístico de la mano de Jesús Sacramentado; (10) orar por las benditas ánimas del purgatorio, por los difuntos y enfermos de la comunidad; (11) visitar enfermos o familias que necesitan reconciliación para orar la Coronilla de la Divina Misericordia con ellos; (12) donar una compra o artículos de primera necesidad a familias que lo necesiten; y (13) rezar el Rosario por intenciones especiales de nuestra comunidad.

Sin embargo, si siente un deseo de servir más profundamente, un gesto hermoso sería asistir al sacerdote si está enfermo o tiene alguna necesidad puntual y a nuestras religiosas. También, si sientes el llamado, abrirse a la posibilidad de ser ministro extraordinario de la Comunión o Diácono, hablándolo con el párroco. ¡Para Dios no hay límites en cómo usar los talentos al servicio de los demás! Aún cuando pienses que no tiene nada para servir o donar, recuerde que tienes otros dones otorgados por el Espíritu Santo como dar un buen consejo o tener temor a Dios. Servir a través de la misericordia no se trata de servir a manos llenas, se trata de servir desde lo que podamos dar. De la misma manera que la Palabra de Dios no regresa vacía, sus acciones nunca serán inservibles ante los ojos de Jesús.

Porque cuando menos lo pensamos, en la ilimitada bondad y amor de la Divina Misericordia siente por sus hijos (as) predilectos (as), Él nunca permitirá que nos haga falta nada. Como buen Padre, multiplica nuestros dones, asiste nuestras necesidades para que las comunidades sigan los pasos de las obras de misericordia corporales y espirituales a los más necesitados. La misericordia debemos accionarla con fervor y empuje. La tibieza no debe ser parte del servicio porque diluye la obra que la Divina Misericordia desea que hagamos por nuestro prójimo o comunidad. Jesús nos necesitan como sus apóstoles de este siglo.

¿Ha pensado que a través del servicio, Jesús de la Divina Misericordia desea transformarnos y sacar lo mejor de nosotros? A través del servicio, Jesucristo nos posiciona en lugares que jamás pensamos que íbamos a poder servir. El servicio transforma, empodera, enseña y esas experiencias maduran nuestro espíritu. ¡Les exhorto que se coloquen su armadura de servicio y amor y le sirvan con acción fervorosa a la Divina Misericordia de Jesús y por supuesto a María, Madre de la Divina Misericordia! Ellos esperan por ti, para guardarte en sus Sagrados Corazones. Te llaman por tu nombre y desean que seas parte de esos discípulos-misioneros.

Hagamos eco de tener una gran sed del servicio ya que Cristo espera que nuestro servicio se convierta en una hermosa vocación que inspire a muchos a seguir el mismo camino. ¡A servir en el nombre de la Divina Misericordia a tantos necesitados en nuestra comunidad que esperan! ¡Déjense guiar por la Divina Misericordia y Jesús suplirá lo que haga falta! “El alma más querida para mí es la que cree fuertemente en mi Bondad, y la que me tiene Confianza plenamente; le ofrezco mi Confianza y le doy todo lo que pide”, Diario 453. ¡Queden con la paz de Santa Faustina de la Divina Misericordia!

Dra. Maricelly Santiago Ortiz, Coordinadora Devoción Jesús de la Divina Misericordia

Parroquia Nuestra Señora de la Asunción, Cayey

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