A pesar de que existen leyes que penalizan por arrojar basura en lugares no autorizados, en Puerto Rico no es nada nuevo ver basura acumulada a la orilla de la carretera, de los ríos o quebradas. No obstante, esta situación se agravó tras el paso del huracán donde lo que comenzó como una alternativa desesperada para deshacerse de la basura terminó convirtiéndose en vertederos clandestinos.

De acuerdo con la Hermana Lissette A. Avilés Ríos, op, delegada del Arzobispo en asuntos de pastoral ecológica, la falta de una cultura de reciclaje o reúso aumentó la cantidad de material descartado por parte de la ciudadanía.

“Al gobierno municipal y estatal no mantener ese sistema de recogido de materiales reusables y reciclables -que minizaba el nivel de basura que iba a los vertederos-, con esto de los huracanes tuvimos un gran impacto en nuestras casas, entonces la gente no tiene de otra que buscar dónde sacar todos estos desperdicios y llevarlos a los vertederos no reconocidos”, aclaró.

Previo los ciclones, se estimaba que en Puerto Rico cada ciudadano generaba entre 3.5 a 4.5 libras de basura diaria según la Agencia de Protección del Medio Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés). Esto se traduce, a una cifra entre 1,278 a 1,643 libras anuales de basura. Sin contar con el factor de que de los 29 vertederos que operan en la isla, en 2017, 13 de ellos tenían órdenes de cierre por incumplimiento con las normas federales y estatales.

Ante el descarte de material vegetativo que debió considerarse como un potencial para composta o artesanía, la también bióloga marina lamentó que “por la falta de educación la visión que tenemos es que aquello que no me sirva, sea orgánico o inorgánico, lo voy a llamar basura y lo que trato es de salir lo más pronto posible de aquello que me molesta”. De ahí la proliferación de los vertederos clandestinos y la saturación de los vertederos oficiales con material reusable o reciclado, que se pudo haber reubicado.

Precisó que la ciudadanía necesita crear conciencia ante el problema de la basura porque “no se piensa a futuro. Esto que estoy adquiriendo hoy, ¿hasta cuándo me va a durar? ¿Tiene realmente validez tenerlo? O ¿simplemente lo aprovecho porque está barato?”. Según dijo la tendencia es a que como “no veo la basura acumulada en mi casa para mí no existe”.

Sostuvo que “hemos caído en la trampa de tener una vida más práctica” olvidando la protección ambiental. Por lo que aseveró que ahora es el momento para cuestionarse “de toda la basura que sacaste de tu casa, ¿cuál de esa era realmente necesaria?”.

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