Isaías nos describe las cualidades del Mesías, destacando que viene del linaje de David, de linaje real.

En su Carta a los Romanos, San Pablo anima a los romanos, que son gentiles-no judíos-, afirmándoles que Jesucristo vino también para ellos.

San Mateo nos presenta la persona de Juan Bautista, y su mensaje de conversión, para preparar el camino del Señor.

Llego Juan. El segundo domingo de Adviento nos confronta siempre con la figura del precursor del Mesías y su mensaje de conversión. Las lecturas de hoy son típicas lecturas del Adviento, trayéndonos otro de los grandes personajes del Adviento: El Profeta Isaías.

Isaías describe, mejor que ningún otro profeta, la persona y la misión del Mesías, desde su nacimiento hasta su muerte redentora.  Es por eso que muchas de las lecturas del Profeta son parte del corpus del Adviento.  Enfatiza Isaías que el Mesías viene de linaje real, al ser descendiente de Jesé, el padre del Rey David.  Su venida es motivo de alegría para el pueblo de Israel, ya que es el Mesías de la paz, de la justicia, del amor. Pero este Mesías amoroso es guerrero valiente que defenderá al pueblo de Israel del hombre cruel y malvado, prefigura de Satanás. Al derrotar al enemigo, Israel gozará de la paz que sólo Dios puede dar.  

Pero este Mesías no es solamente Mesías para el pueblo de Israel sino para todos los pueblos del mundo.  Esto es lo que San Pablo a la comunidad cristiana de Roma en la segunda lectura de hoy.  Esta comunidad cristiana no estaba compuesta solamente de romanos, sino de “gentiles” (palabra con la cual se designa a todo no-judío) de todos los rincones del Imperio Romano. Roma era la capital del Imperio, la ciudad más grande del Mediterráneo. Por eso es que en ella confluían (y aún hoy confluyen), gente de distintas naciones.  La comunidad judía era una de estas naciones y es por eso que tanto San Pablo como San Pedro terminan en Roma, muriendo ambos en esta ciudad bajo la persecución de Nerón.  Pues a esta comunidad cristiana mista, de judíos y gentiles, de romanos y no romanos, San Pablo les dice que, todas las promesas del Mesías que se narran en las Escrituras también son aplicables a ellos.  Todas esas hermosas palabras de la primera lectura de hoy que Isaías aplica al pueblo de Israel también son aplicables a todos los pueblos de la tierra. 

A nosotros también se nos aplican las promesas de la primera lectura de hoy.  Pero, para que esto sea posible en nuestras vidas, en indispensable la conversión, la preparación de nuestras almas para recibir al Mesías que quiere entrar a nuestro corazón.  Este es el gran mensaje de San Juan.  Después de tantos siglos esperando al Mesías, ya el Mesías está a la vuelta de la esquina, ya por fin van a venir.  Pero no podemos recibirlo estando en pecado, tenemos que convertirnos. San Juan nos presenta todo un elenco de cosas concretas que podemos hacer para poder recibir al Mesías, la oración y el autoexamen entre ellas.  Por eso me preocupa que en este tiempo de Adviento nos preocupemos tanto en las cosas materiales y tan poco en lo espiritual.  Al poner el Nacimiento, podemos tomar ese momento para meditar en la Navidad que vamos a celebrar. 

Padre Rafael Méndez Hernández, Ph.D.

Para El Visitante

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