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La reunión familiar puede ser virtual. El calor del abrazo amoroso de un ser querido que llegó por sorpresa solo puede sentir de manera presencial. El partido deportivo puede ser virtual. La emoción vibrante que se vive desde las gradas cuando el tiempo se acaba, el marcador está empatado y viene el último servicio solo puede ser presencial. La compra de una camisa puede ser virtual. La sensación de incomodidad por las costuras un tanto afiladas o la textura un poco áspera solo se pueden sentir de manera presencial. Ya el agua y el aire virtuales serían una broma fatal. ¿Y la misa? Aunque abordar el tema puede crear incomodidad a los que ya están cómodos, la respuesta sensata cualquier fiel seguidor de Jesucristo la puede intuir. 

Hay que destacar que la misa virtual sirvió como una buena respuesta para acompañar a tantos que vivimos la incertidumbre en los tiempos pandémicos de distanciamiento más crudos donde incluso se llegó a levantar el precepto dominical. Esta respuesta fue una generalizada por parte de las parroquias. Y la misa virtual -como la televisada y radial- también responde a una manera de llegar a los enfermos que por una u otra razón no pueden o deben llegar al templo e incluso una manera de evangelizar. Ahora bien, hay unos cuantos que pudiendo, optan por no regresar a la casa de todos… Por ello, urge a cada fiel cristiano hacer una auto reflexión sobre lo esencial de la vida sacramental y lo que significa la Eucaristía.

¿Misa virtual o presencial? Haciendo las salvedades anteriores, la respuesta concreta y preferencial es hace evidente. Al final, es altamente dudoso que cuando llegue el momento de la muerte, Dios nos juzgue en el amor digital, como el que repartimos mediante cadenas de oración en copy and paste. De hecho, manifestar el amor mediante las 14 obras de misericordia es algo muy concreto y muy presencial. Lo virtual claro que puede complementar y ayudar mucho.

La virtualidad es una herramienta muy útil y mediante el uso de tecnologías se han podido lograr tantos avances para el bien común que su presencia cambió y seguirá cambiando la vida cotidiana. Solo no olvidar ni por un instante que la presencia es 100% insustituible. De la misma manera, Dios decidió quedarse especialmente presente en el misterio de la Eucaristía, fuente de la sinodalidad, de la misionariedad, de la misericordia, de la Verdad, de la paz, del perdón, de la esperanza y de la alegría. Este misterio se hace presente en la santa misa todos los días en Puerto Rico… ¿Te animas a regresar a la parroquia, que es casa de todos…?

Enrique I. López López

e.lopez@elvisitantepr.com 

Twitter: @Enrique_LopezEV

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