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Hay una manía de distorsionar todo. No solo de demonizar, sino también de divinizar lo que no es divinizable. Posicionaría la fiesta de Halloween en este nivel en el que la exageración y la distorsión encuentra su día. La víspera de los Santos -cercana a la de los fieles difuntos- es fiesta para dedicarla a reflexión sosegada del sentido de la vida y la muerte para alcanzar la patria celestial con la santidad y ver el ejemplo de vidas santas. Para otros es un festejo para olvidar precisamente de eso y concentrarse en disfrutar de los sentidos con sobre estimulación de colores, imágenes que perturban, tapar los rostros, música y sonidos estruendosos, sabores extravagantes y el urgente juego con las emociones. Claro, porque jugar con el miedo sube la adrenalina.

La noche cuya fiesta litúrgica debe llevar a la vigilia de oración, la devoción, el Santo Rosario y buscar la manera de vivir señalando a la santidad y la vida sacramental como el camino hacia lo trascendental, compite con otra propuesta: fiestas nocturnas donde lo sensorial es lo primordial y lo espiritual es aceptable si lleva colores bone white, darkness black o blood red. Aquí también se juega con imágenes de muerte que en muchísimas ocasiones son producto de violencia y delito. La misma muerte que todos los días del año es temida precisamente por los que priorizan en lo sensorial y que reniegan del dolor, ese día es el centro de atracción. Claro, que no ocurra un accidente o se escuche una detonación de un arma porque no es lo mismo ser espectador que bailar con la muerte.

No se puede olvidar que cercano al 31 de octubre se celebraba el “Samhain” por pueblos paganos, fiesta símbolo llena de sincretismo que proponía la llegada de la muerte donde se creía que los muertes regresaban a este mundo esa noche. Es el día de la muerte. Los antiguos paganos se vestían de esqueletos para que los muertos llenos de venganza e ira no les hicieran daño.

Muchos también proponen cristianizar la fiesta con el Holywins donde niños se visten de santos para promover esas vidas virtuosas y así ir conociendo más de los Santos. Varias parroquias y colegios católicos han llevado a cabo esta práctica también como contra propuesta a Halloween. Pero, lo urgente es que todo creyente priorice en la reflexión urgente que propone la fiesta de los santos, que es vivir de manera virtuosa y heroica para alcanzar la patria celestial llevando a término las palabras evangélicas: “Buscar primero el Reino de Dios y Su justicia, que todo lo demás llegará por añadidura”, (Mt 6, 33). 

Enrique I. López López

e.lopez@elvisitantepr.com 

Twitter: @Enrique_LopezEV

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