El caballero del béisbol, que dio un jonrón universal, tiene por apellido clemente, es decir, que moderó la justicia.  Su porte de jugador con atavío humano y delicadeza de espíritu se grabó en el corazón de los que vieron en él un servidor de las causas justas.  Allá, al otro lado del charco, en donde el prejuicio racial aniquila el paso fraternal, el emancipador de sueños, dio un hit de la puertorriqueñidad que trasluce la mejor cosecha, ganancias universales.

La competición deportiva, repele el egoísmo recio para convertirse en mesa participativa. Todos a una, en fervores de triunfos; se achica lo propio para dar cabida al nosotros que es estruendo de voluntades.  El protagonismo cesa cuando se valora el conjunto que trae revuelos de inocencia en deseos de dominar la tierra.

El triunfo de Roberto Clemente allende los mares es una lección de superación, un canto a la pequeñez territorial que da a luz hijos con agenda de soñadores vivos, de entusiastas de lo mejor.  En su maletín de logros Roberto llevaba la necesidad del pobre, del sufrido y el humillado. El terremoto de Nicaragua lo sacó de su entorno para llevar ayuda al necesitado país. El 31 de diciembre, fue la fecha escogida y el avión, que, reventada en víveres y amor, se precipitó en aguas cercanas, a orillas del lar amado.

El 1 de enero de 1972 Puerto Rico se consagró en oraciones, en acción de gracias, por el Señor de las causas nobles.  Comenzó el año en pena máxima, en consternación en alabanza por el soldado caído que había dado su vida en servicio y clemencia por otros.  Esa lágrima colectiva marcó el año y perpetuó los ideales humanos del gran jugador con agenda fraternal.

El deporte emula la vida y hace visible la necesidad de vivir en deleite fraternal, de dominar la tierra desde la perspectiva de cada uno en ayuda oportuna para lograr el bien común. No se puede soñar con un futuro exitoso si no afloran las ideas de buena voluntad que logran el milagro. Acaparar éxitos privados equivale a perder el rumbo, a desorientarse en la búsqueda de la felicidad.

En las últimas semanas el triunfo de Roberto Clemente acaparó el entorno y los homenajes en sobretodo Nicaragua y Pittsburg, rebosaron en gracias, en no te olvidamos. Esa constante presencia de Roberto Clemente debe acelerar el propósito de nuestros muchachos.  Es el momento ideal para despertar el entusiasmo porque el País vive en la incertidumbre, en la pequeñez de las ideas sin alma y sin corazón.

Roberto Clemente queda en la perennidad del amor, la justicia, la misericordia.  Es un momento para la reflexión, para dejar atrás la frivolidad y caminar hacia la liga de los ideales. Caminar ascendentemente y fortalecernos en el servicio y la entrega con el retrato auténtico de Roberto Clemente.

P. Efraín Zabala

Editor

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