La humildad y devoción a la Santísima Virgen María, abrieron cauce en la vacación sacerdotal del P. Juancho. Natural del pueblo de Las Piedras, ingresó al seminario Regina Cleri con el ideal sacerdotal a cuestas y ya no miró atrás, su entrega marcó sus pasos, su don de buen cristiano dijo adiós a la encendida mirada de los años juveniles para inmolarse en la ruta ascendente del jovial seminarista que esperaba a un sí rotundo, sin ambages. 

Sus años en el seminario convergieron en la mirada limpia, en dar el máximo. De carácter campechano, sin segundas agendas, valoró siempre el sentido comunitario, la obediencia a los superiores, la tímida sonrisa que dejaba escapar su ser en llamas. Fue compañero de la inocencia sin alardear de una espiritualidad rígida o limitadora de humanismo.

Como su vocación sacerdotal era de un encendido aquí estoy, su ordenación fue una aseveración de que los sacerdotes representan al único sacerdote Cristo. Una vez en la parroquia su servicio se hizo misión, delicadeza del corazón. Los niños, los más amados y respetados, se tornaron en asignatura del alma. Junto a ellos, blandiendo la inocencia, dio cátedra de afiliado a los pequeños, a los humildes.  

Sin obviar a los enfermos y desvalidos, el Padre Juancho se hizo medicina para remediar los lamentos que llegan hasta el corazón del sacerdote. Sobre su sencillez construyó un botiquín de remedios sencillos, amor, entrega, dádiva de sí mismo. Como evangelizaba a orillas del dinero y las cosas materiales, se convirtió en rico, con las manos de la gracia divina, regalo de misericordia y amor.

Ahora que se ha marchado a casa del Padre, lleva en su equipaje toda una solvencia moral, el aplauso de aquellos hermanos sacerdotes y laicos que lo conocimos. El que da tacañamente, recibe migajas. Por eso él, que vivió frágilmente, recibe el abrazo de Aquel que posee todo, que es rico en misericordia. 

Descanse en paz, Padre Juancho, tu pueblo aplaude tus años primaverales de cultivar la riqueza sacerdotal distribuida, ante todo, pero especialmente en los más necesitados y olvidados de la sociedad. Tu palabra y tus ejecutorias quedan sobre la Diócesis de Caguas como una luz que no apaga. Ya en la tierra prometida nos acogemos a tu humildad y esperamos recoger frutos de amor, justicia y esperanza.

Padre Efraín Zabala

Para El Visitante

 

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