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La lectura de los Hechos de los Apóstoles nos describe cómo era la vivencia de fe e la primitiva comunidad cristiana, una convivencia basada en el amor.

Comenzamos la lectura continuada de la 1ra Carta del Apóstol San Juan, la Carta del AMOR CRISTIANO.

San Juan Evangelista es el único evangelista que nos presenta lo que pasó una semana después de que Jesucristo resucitara de entre los muertos.

El Domingo de la Misericordia: esta fiesta instituida por San Juan Pablo II a raíz de las revelaciones de Santa Faustina Kowalska, en referencia al amor de Dios reflejado en el corazón resucitado de Jesucristo.  Las dos luces que surgen del Corazón de Jesucristo, blanca o azul celeste y roja, hacen referencia a la sangre y al agua que brotan del Corazón de Jesús cuando fue traspasado por la lanza de San Longinos una vez muerto en la Cruz.  Pero, ¿por qué se celebra este domingo?  Se celebra en este domingo puesto que San Juan es el único evangelista que relata tanto lo de la lanza como la aparición del Resucitado a los Apóstoles una semana después de haber resucitado y confrontar a Santo Tomás en su incredulidad.  Es por eso que este evangelio no cambia, sino que se repite todos los domingos de la Octava de Pascua.  Tomando la relación del Corazón traspasado de Jesucristo con las revelaciones de Santa Faustina, San Juan Pablo II tuvo a bien establecer esta fiesta este domingo.  Lo que hace esta celebración tan significativa y entrañable en nuestros corazones, es que San Juan Pablo II muere cuando ya la Iglesia entra en esta celebración por él establecida.

El gran pecado de Santo Tomás no fue su duda, sino el negarse a creer en el testimonio de los 10 apóstoles y María Magdalena, de que Jesús había resucitado.  Es por eso que Jesucristo lo reprende, pero con amor, porque ama a Tomás y, a pesar del pecado manifiesta su misericordia para con él.  Misericordia es otro nombre para Amor y si hay algo que este domingo nos quiere indicar a nosotros los creyentes en el Resucitado, es que Jesucristo quiere que sus seguidores nos congreguemos en esa institución por Él fundada, llamada la Iglesia, y que sea el amor el rector de las relaciones entre todos los miembros de la Iglesia.

Veamos, por ejemplo, la primera lectura…Los primitivos cristianos comienzan a congregarse para celebrar la vida de Jesucristo y, sobre todo, cumplir el mandamiento del Señor de que se celebrase la Eucaristía.  Nos dice San Lucas (autor de los Hechos), que los discípulos del Señor se reunían para la fracción del Pan y que todo lo tenían en común.  Ya este dato nos presenta que los seguidores de Jesucristo comenzaron a vivir una vida tal como Jesucristo quería que la vivieran.  Pero, lo más interesante es que se congregaban, no en el séptimo día, sábado, sino en el primer día, domingo.  Ellos comprendieron que la Resurrección de Jesucristo era la Nueva Creación, la gran manifestación de la misericordia y amor de Dios.

Esto es lo que nos dice San Juan en la segunda lectura de hoy: que Dios es amor y, si nosotros somos sus hijos, si somos seguidores de Jesucristo, si de verdad vamos a aceptar su mensaje, pues tenemos que vivir en el amor.  Eso es lo que nos define y lo que debemos mostrar al mundo.  Si no amamos y no nos amamos, no convenceremos al mundo que Cristo vive.

P. Rafael “Felo” Méndez Hernández

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