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Damos por asumido que hay una convicción muy generalizada, con la que también se identifica el Papa Francisco, que la misericordia es el principio fundamental de la actuación de Jesús. Él actúa movido por la compasión y la misericordia. La primera reacción de Jesús ante el ser humano es la misericordia. Si no aprendemos de Jesús que lo primero para Dios es siempre la misericordia, nos falta algo esencial para ser sus discípulos. Una Iglesia sin misericordia es una Iglesia que no camina tras los pasos de Jesús.

Alguien ha dicho: “La misericordia no es una virtud más. Es la única manera de parecernos a Dios que es compasivo y misericordioso”. María canta la misericordia de Dios que “llega a sus fieles de generación en generación”. “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitara el sol que nace de lo alto”. “Por su misericordia hemos sido salvados”, nos dirá el apóstol Pablo.

Pero, la explosión de la misericordia y la posibilidad de mantener vivo el espíritu de Jesús en nosotros y en el mundo, empieza a partir de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Vivir en él es vivir animados por su Espíritu, es vivir según su espíritu en el “hoy” de nuestra propia historia.

Son alentadoras las palabras del Papa Francisco: No huyamos de la “Resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida! ¡Que nos lance con esperanza a anunciar el evangelio!”. Seguiremos saboreando y viviendo el Misterio Pascual durante cincuenta días. Es que no queremos que la Pascua se acabe. La Iglesia es una comunidad compasiva y samaritana porque nace del aliento del Resucitado. Tiene su origen en el perdón. Quien no perdona no sabe amar.

¡Domingo de la misericordia! Que siempre sea domingo y sea misericordia. 

La Iglesia que surge del Resucitado es fruto del perdón. Invoca a Jesús y serás 

perdonado, la fe en un Dios que perdona es una fuerza inestimable. A quien vive del amor incondicional de Dios, le resulta más fácil perdonar. Desatemos, pues, la cultura del perdón. 

Cito de nuevo al Papa Francisco: “Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía y proximidad… Y los ministros de la Iglesia deben ser, ante todo, ministros de misericordia. Sueño con una Iglesia madre y pastora”. 

Hemos escuchado hasta la saciedad esta expresión: “La Resurrección de Jesús no es un hecho del pasado”. Un hecho que, a veces, no sabemos vivir, desde nuestra propia experiencia. Los discípulos, los creyentes de la primera hora nos hablan siempre de un “núcleo central”: el encuentro personal con Jesús, lleno de vida después de la muerte. Jesús vive y está de nuevo con ellos: “¿No nos ardía el corazón mientras caminaba con nosotros y nos explicaba las escrituras?”, (Lc 24, 13-35).

¡Hemos visto al Señor! ¿No será esto lo que hace falta, con urgencia, en la Iglesia de Dios, en nuestras parroquias, en nuestras comunidades y en cada uno de nosotros? Ten misericordia de nosotros y del mundo entero. 

P. Juan Martínez Ruiz

Para El Visitante