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La liturgia católica nos propone unos períodos de preparación para la celebración de los eventos más importantes del misterio de Cristo Jesús. Como preparación al misterio del nacimiento de Cristo, celebramos el tiempo de Adviento. Con este tiempo, se inicia el año litúrgico y es  una preparación espiritual, que nos lleva a recrear la anticipación a la llegada del Salvador y nos motiva a la reflexión sobre lo que la Natividad significa en nuestro actuar. 

El Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, en su primer artículo, señala: “La Salvación que nos ha ganado el Señor Jesús, y por la que ha pagado un alto precio, se realiza en la vida nueva que los justos alcanzarán después de la muerte, pero atañe también a este mundo, en los ámbitos de la economía y del trabajo, de la técnica y de la comunicación, de la sociedad y de la política, de la comunidad internacional y de las relaciones entre las culturas de los pueblos”. Nos explica este documento, citando la Encíclica Redemptoris Missio, escrita por San Juan Pablo II, “Jesús vino a traer la salvación integral, que abarca al hombre entero y a todos los hombres, abriéndoles a los admirables horizontes de la filiación divina”.

El nacimiento de Jesús hace cumplir la profecía de Jeremías: “Entonces, en aquellos días  suscitaré a David un retoño legítimo, que practicará el derecho y la justicia en la Tierra”, (Jer 33, 15). Nos indica que ya ha llegado el momento para que se manifieste en toda su plenitud el Reino de Dios en la Tierra. La esperanza que nos brinda el cumplimiento de las promesas del nacimiento del Salvador, se convierte en un estímulo para transformar la realidad presente, en una tierra en la que habite la justicia para todos los hombres (CDSI, 56). Todos los cristianos estamos llamados a trabajar en la construcción de ese Reino de amor y justicia: “El actuar humano en la historia es de por si significativo y eficaz para la instauración definitiva del Reino, aunque éste no deja de ser un don de Dios, plenamente trascendente”, (CDSI, 58).

En su enseñanza social, la Iglesia reconoce que su misión salvífica implica también una misión humana. “La Iglesia es servidora de la salvación no en abstracto o en sentido meramente espiritual, sino en el contexto de la historia y del mundo en el que el hombre vive”, (Gaudium et Spes, 40). La Doctrina Social es la invitación de la Iglesia, a cada habitante de la Tierra, a  “descubrirse como ser trascendente, en todas las dimensiones de su vida, incluida la que se refiere a los ámbitos sociales, económicos y políticos”, (CDSI, Presentación). “Los fieles laicos deben fortalecer su vida espiritual y moral, madurando las capacidades requeridas para el cumplimiento de sus deberes sociales… no puede haber dos vidas paralelas: por una parte la denominada vida espiritual, con sus exigencias y deberes; y por otra, la denominada vida secular, es decir la vida de familia, del trabajo, de las relaciones sociales, del compromiso político y de la cultura”  (CDSI, 546).

En este tiempo de Adviento es oportuno que cada uno de nosotros dedique un tiempo para reflexionar cómo vivimos nuestra fe dentro de nuestra vida social: como ciudadanos, hijos, padres, hermanos, vecinos, funcionarios, trabajadores, empresarios, etc. Si dejamos que la luz de Cristo nos ilumine encontraremos muchas aportaciones que no hemos realizado, muchas formas de fortalecer nuestra relación con Dios, dejando que Él viva en nosotros, por medio de nuestro trabajo dedicado a avanzar causas sociales, la defensa de la dignidad de las personas, el compromiso con los pobres y descartados, la participación política y cultural, entre otros. 

Al inicio del tiempo de Adviento del 2020, el Papa Francisco propuso esta sencilla oración, que puede servirnos para iluminar el verdadero sentido del Adviento: “Ven, Señor Jesús, te necesitamos. Acércate a nosotros. Tú eres la luz: despiértanos del sueño de la mediocridad, despiértanos de la oscuridad de la indiferencia. Ven, Señor Jesús, haz que nuestros corazones distraídos estén vigilantes; haznos sentir el deseo de rezar y la necesidad de amar”. 

 (Puede enviar sus comentarios al correo electrónico: casa.doctrinasocial@gmail.com).

Nélida Hernández

Consejo de Acción Social Arquidiocesano

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