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Los devotos de Jesús de la Divina Misericordia reconocen todas las visiones y secretos que Jesús compartió con Santa Faustina. Sino que también compartió con ella todas sus promesas para la humanidad y el mundo entero, mismas, que fueron plasmadas en la joya mística del Diario de Santa Faustina Kowalska. Cabe destacar y sin dejar de un lado, que Faustina siempre fue esa Mujer Eucarística escogida por Jesús. Su corazón era de Jesús. Mucho hemos hablado de nuestro querido y amado Jesús, en nuestras últimas columnas, cómo lo adoramos y lo amamos. Pero en este mes de María, debemos venerarla y acercarnos como sus hijos fieles, tal y como ella lo merece, como esa rosa que es para cada uno de nosotros. A través de la Misericordia y piedad de María llegamos a su Hijo.

¿Sabían ustedes la relación tan estrecha que tenía Santa Faustina y María, desde que Santa Faustina se abandonó en los brazos de nuestra Madre?  María fue modelo, madre, guía perfecta y protectora de Santa Faustina desde antes que ella lo supiera. Cada paso que Santa Faustina dio en su vida de consagrada era un paso avalado por María. ¡El amor consistente de una madre en acción! María, es la Madre y Reina de la Misericordia. Siempre ocupaba un rinconcito en el corazón de Santa Faustina. Fue clave en esa escuela espiritual que Santa Faustina se adentró desde que dio el “sí”. Desde el seno de su familia, Santa Faustina conoció a María y se profundizó mucho en la vida en el convento. Algo más positivo aún, era que en la Congregación de Santa Faustina, la patrona era María Madre de Dios, la Madre de la Misericordia. En su Congregación, veneraban sin cesar a María bajo esta advocación. Ella se presentaba con los brazos extendidos, dispuestos a amar, ayudar, proteger y cubrir con su manto a todos sus hijos e hijas. Simbolismos que mostraban misticidad, comunión, intimidad y misericordia. 

María en su infinita bondad le revelaba a Santa Faustina María el misterio de la misericordia de Dios en su vida, la instruía, la reforzaba en todas las áreas de necesidad y la acompañaba en la misión profética de la Misericordia. “Soy Madre de todos gracias a la insondable misericordia de Dios”, (Diario 449). “Yo soy no sólo la Reina del Cielo, sino también la Madre de la Misericordia y tu Madre”, (Diario 330).

Santa Faustina le llamaba a María de diferentes maneras. ¿Acaso no hacemos eso nosotros con nuestras madres? Santa Faustina la llamaba Madre de Dios y mi madre mía. La hermosura de ella no consistía en lo que hacia directamente con nuestra amada Santa Faustina. Es que solo María pudo vivir la misericordia porque fue preservada del pecado original y colmada de toda plenitud, la llena de gracia. A través de su hijo Jesús, ella compartió con el mundo, la Misericordia encarnada. Ella, como nadie, experimentó la misericordia, porque fue preservada del pecado original, colmada de la plenitud de la gracia y elevada a la suprema dignidad de la Madre del Hijo de Dios. María sabía lo que era la Misericordia y cuan alto era su precio. Lo podemos observar en Dives in Misericordia 9, en donde podemos meditar acerca de manera excepcional, se le releva la Misericordia a María a través de la muerte en el calvario. Ella fue crucial de la misión mesiánica de su Hijo, que ha sido llamar singularmente a toda la humanidad. (Dives in Misericordia 7). 

Los laicos en este mes de mayo le agradecemos a María por tanto y por su infinita gentileza en nuestros corazones. María, en definitiva, guio con piedad a esa humilde polaca, Sor Faustina, al igual que nos guía a nosotros. Las madres refuerzan virtudes de importancia como la humildad, docilidad, pureza, amor a Dios y al prójimo, compasión y misericordia. “Oh Jesús, (…) te suplico que hagas mi corazón tan grande que pueda contener las necesidades de todas las almas que viven sobre toda la faz de la tierra…”, (Diario 692). 

También nos guía a entender el por qué debemos de entender nuestro propósito de vida para entender nuestra misión apostólica que se nos fue confiada por Cristo. El venerar a María, es venerar a la que intercede a diario por nosotros ante su Hijo a través de la piedad. El modelo de María era la Piedad. “Considera el amor al prójimo: ¿es Mi amor lo que te guía en el amor al prójimo?, ¿rezas por los enemigos?” (Diario 1768).

Santa Faustina al observar el gran ejemplo de María no quería decepcionarla. Al contrario, aprendía a penetrar en el misterio de la misericordia de Dios más profundamente y a contemplar la misticidad de María siempre, en lo cotidiano. Ella se abandonaba con confianza en los brazos de Jesús y María, practicando la misericordia en todas sus obras al prójimo; a participar en la vida y la misión de Jesús que revela al mundo el misterio del amor misericordioso de Dios al hombre. “Que no te interese nada cómo se comportan los demás, tú, compórtate como yo te ordeno”, (Diario 1446).

Emulemos en este mes de mayo esa relación de amor y ternura entre Santa Faustina y María. Extiendan sus brazos para fomentar la Misericordia que ella misma encarnó y que puso en práctica de día a día. Recuerden que la Misericordia no es un sentimiento ocasional y distante, es para siempre. ¡Queden con la paz de Santa Faustina de la Divina Misericordia!

Dra. Maricelly Santiago 

Para El Visitante