Seguramente serán muy pocos los católicos que no hayan conocido en nuestra Isla a una “monjita”, una “sor”, una “hermana” o una “sister”. Algunos que han estudiado en colegios habrán tenido como director o maestro al “hermano” o al “brother”. Y no olvidemos a nuestros sacerdotes que firman o piden que les llame “fray”. Todas y todos estos bautizados son quienes conforman en la Iglesia la Vida Consagrada. Para explicar lo que es la Vida Consagrada, el Catecismo de la Iglesia Católica, citando el decreto Perfectae charitatis (n. 1) del Concilio Vaticano II, nos enseña que “Desde los comienzos de la Iglesia hubo hombres y mujeres que intentaron, con la práctica de los consejos evangélicos, seguir con mayor libertad a Cristo e imitarlo con mayor precisión. Cada uno a su manera, vivió entregado a Dios” (918).
Seguir a Cristo practicando los consejos evangélicos, en realidad, es una invitación a todo bautizado. Por eso el Catecismo enseña que “Los consejos evangélicos están propuestos en su multiplicidad a todos los discípulos de Cristo” (915). Se trata de vivir la caridad, de seguir a Jesús que nos amó hasta el extremo (Jn 13, 1) practicando tres actitudes fundamentales de su vida: un corazón plenamente abierto a su Padre y a los más necesitados dedicándoles todos sus afectos (Jn 4, 34), una voluntad alineada con el querer del Espíritu “siendo obediente hasta la muerte” (Flp 2, 8), asumiendo todas las cosas para el servicio a las y los demás al punto de no tener “donde reclinar su cabeza” (Mt 8, 20). Esas tres actitudes en la vida de Jesús, afirma la constitución dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, se aconsejan a todos sus discípulos y discípulas viviendo, cada uno a su manera o según su llamado, la castidad, la obediencia y la pobreza (Cf LG 42). Una manera de vivir esos consejos para entregarnos a Dios y amar a la humanidad es la que hemos prometido los consagrados y consagradas; esos que llamamos “sor” o “brother”.
Desde la llegada de la fe cristiana a nuestras playas en el siglo XV, con todas las contradicciones que pudieron darse, hubo en la Isla de San Juan Bautista evangelizadores que lucharon por amar como Cristo desde los consejos evangélicos vividos como frailes franciscanos y dominicos. Más tarde, desde mediados del siglo XVII, también hubo mujeres que dedicaron su vida completamente a la intercesión por los demás y la alabanza a Dios desde el Monasterio carmelita de San José. Y, ya entrado el siglo XIX, comenzaron a llegar a Puerto Rico mujeres consagradas dedicadas al apostolado de la salud, como las Hijas de la Caridad y al apostolado de la educación como las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús. Todos estos bautizados y bautizadas, habiendo profesado los consejos de castidad, obediencia y pobreza, cada uno y cada una a su manera, siguiendo a Jesús según el modo inspirado a sus fundadores y fundadoras, fueron peregrinos de Esperanza en la Iglesia boricua.
Este Año Santo de 2025, el Equipo Teológico de nuestra Conferencia de Religiosos (COR), ha querido ofrecer especialmente a la Vida Consagrada en Puerto Rico, una columna en El Visitante con el título “Peregrinos de Esperanza”. En la bula de convocación a este jubileo, el papa Francisco explicaba que, “Ponerse en camino es un gesto típico de quienes buscan el sentido de la vida” (Spes non confundit 5). Por eso los consagrados y consagradas en la Iglesia somos peregrinos: al profesar los consejos evangélicos en nuestros institutos de vida consagrada religiosa o secular, o sociedades de vida apostólica, salimos a caminar con nuestras hermanas y hermanos junto al pueblo puertorriqueño para vivir la esperanza en el Salvador. Somos peregrinos de Esperanza cuando nuestro ministerio en parroquias y colegios, en hospitales y universidades, en proyectos sociales o monasterios, se traduce en paz para el mundo (Spes non confundit 8). Por esta razón, ya desde 2023, se nos animaba a celebrar durante este Año Santo el Jubileo de la Vida Consagrada bajo el lema: “Peregrinos de Esperanza, por el camino de la Paz.”
El entonces prefecto para el Dicasterio de los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, el cardenal João Braz de Aviz, en su carta a las Superioras y Superiores Mayores, nos presentaba tres temáticas como “telón de fondo” para la celebración de nuestro Jubileo: el compromiso con los últimos – escuchar el clamor de los pobres, la custodia y cuidado de la creación – tutela del medio ambiente, así como la Fraternidad universal – Solidaridad. ¡Que esta Jornada Mundial de la Vida Consagrada en la Fiesta de la Presentación del Señor durante nuestro Año Santo nos anime a seguir peregrinando por el camino de la Paz!



