Se habla mucho de que las sociedades modernas se encuentran polarizadas, es decir: se segregan por opiniones o posturas opuestas y excluyentes, tanto en el terreno social, como en el político. Como, por ejemplo: ricos y pobres, conservadores y liberales, etc. De esta forma se forman grupos de opinión opuestos, que muchas veces se niegan a encontrar formas de conciliación o entendimiento con personas que apoyan otra visión. Es un fenómeno social que lleva a las personas y grupos sociales a evaluar las situaciones desde solo dos perspectivas extremas: se definen a favor o en contra, según estándares preestablecidos
En el pensamiento polarizado las cosas son completamente buenas o malas, los otros son fracasados o exitosos. La percepción de la realidad pierde sus tonalidades y existen en nuestro pensamiento solo dos realidades: o blanco o negro. En esta forma de pensamiento no hay matices y se oscurece la realidad, desarrollándose formas de pensar rígidas, incapaces de abrirse a alguna forma de consenso. De igual forma, se sustituye el criterio propio, por aquel del grupo hacia el cual nos polarizamos y surge la oposición y confrontación con los miembros del grupo opuesto, mientras se solidifica la relación con los miembros del propio grupo. La polarización divide, porque el análisis de la realidad se sustituye por ideologías, las cuales anteponen las ideas y opiniones a la verdad e impiden el diálogo.
El Papa Francisco, ha sido muy consistente en denunciar en sus homilías los peligros de la polarización para la convivencia social. Al sintetizar el pensamiento del Papa Francisco en torno a la polarización, el periodista especializado en el Vaticano, Javier Martínez Berrocal concluye: “El Papa piensa que la actitud más cristiana es la del “reconciliador”, quien desenmascara las falsas oposiciones y trabaja para abrir a los implicados a la posibilidad de una nueva síntesis que no anule ninguno de los polos, sino que conserve lo que es bueno y válido en los dos, asumiéndolos en una nueva perspectiva. “(publicado en Aciprensa, 2 de junio de 2024). En su Encíclica Evangeli Gaudium, el Papa nos exhorta a armonizar las diferencias, buscando la unidad aún en el conflicto. Esto lo explica el Papa, como una forma de aceptar las “virtualidades valiosas de las polaridades en pugna.” La intención no es buscar un sincretismo, como tampoco la absorción de un punto de vista por el otro, en la solución de conflictos. Se nos propone un análisis que parta de la realidad y no de las ideas.
La Iglesia nos presenta al pensamiento social cristiano como la alternativa, ante el peligro de la polarización y las ideologías. Este se fundamenta en la verdad de lo que es el hombre, como ser social, en la ley natural y en el Evangelio. Los principios de la Doctrina Social son el marco de análisis de la realidad social a partir del Evangelio. Constituyen el punto de unidad y guía de todos los hombres, para lograr el bien común, aquí en la tierra y orientar nuestras realidades sociales según Dios. La doctrina social de la Iglesia se propone como “un instrumento para el discernimiento moral y pastoral de los complejos acontecimientos que caracterizan nuestro tiempo; como una guía para inspirar, en el ámbito individual y colectivo, los comportamientos y opciones que permitan mirar al futuro con confianza y esperanza…, como ocasión de dialogo con todos aquellos que desean el bien del hombre.” (Compendio de Doctrina Social 10-11)
En su carta a Timoteo, el apóstol Pablo alerta a su discípulo: “Porque llegará el tiempo en que los hombres no soportarán más la sana doctrina; por el contrario, llevados por sus inclinaciones, se procurarán una multitud de maestros que les halaguen los oídos y se apartarán de la verdad para oír cosas fantasiosas.” (2 Tim 4, 3-4) San Pablo exhorta entonces a su discípulo a aferrarse a la verdad del Evangelio. Esta misma exhortación se hace más necesaria hoy. Ante la proliferación de ideologías que distorsionan la verdad y la polarización de ideas, los católicos seguimos siendo llamados a vivir el Evangelio, mediante la solidaridad, la participación la construcción del bien común y la justicia, respetando la dignidad de toda persona y abriéndonos al dialogo con toda la humanidad.
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Nélida Hernández
Consejo de Acción Social Arquidiocesano



