Sobrevivencia es una de las necesidades básicas del ser humano. Todos desean vivir y vivir en abundancia. La vida es regalo gratuito y los que viven tienden a adueñarse de ella a modo insaciable. Dura y penosa verdad es cuando por fin caemos en cuenta, que la vida se nos acaba “despacito, poquito a poquito”, un día a la vez, cada 24 horas.

El ser humano se distingue de todas las otras creaturas del reino animal, por su capacidad de razonar. Aprende en su propio proceso de desarrollo, que la vida que se le concedió es frágil. Descubre que hay que cuidarla, someterla a una disciplina que la nutra, la proteja, y la adelante. Madurez psicológica, entre muchas otras cosas, es la capacidad de saber lo que es apropiado o no para lograr el bienestar y la felicidad personal.

La estrategia de vida que cada uno desarrolla es fascinante. Desde la libertad, atributo esencial del ser humano, algunos escogen ahogarse en sus propias lágrimas. Lo único que estos aprendieron fue a sufrir y llorar. Se caracterizan por un lamento continuo de lo que pudo ser y no ha sido. Otros, al contrario, escogen caminar por el camino de los sueños. Se gozan de cada nueva oportunidad que les brinda un nuevo amanecer. Su alegría y optimismo es contagioso. Un tercer tipo es aquel que, habiendo aprendido de sus errores, a manera intencional, se esfuerza por adoptar una norma de vida que le traiga satisfacción para sí y para todos los que ama.

Gran sabiduría es darse cuenta, que si uno está deprimido o sin ánimo, está dejando que el pasado le controle. Si está ansioso o nervioso, está dejando que el futuro, lo desconocido, se apodere de sí. Si está en paz y abrazando el momento presente a plenitud, ha logrado vivir un día a la vez.  Expliquemos este fenómeno más en detalle.

Lo cambiante de las circunstancias del diario vivir, arroja consecuencias no siempre tomadas en cuenta. Hemos aprendido, que el hoy que se vive, nació ayer. Ese hoy es resultado, de cómo ayer decidimos planificarlo, con conciencia que fuese de acuerdo a nuestras necesidades, responsabilidades y deseos. Por raro que parezca, es una irracionalidad seguir haciendo lo mismo de todos los días, esperando resultados diferentes. El pasado nadie lo puede borrar. Tampoco lo puede cambiar.  No es raro que algunos no logran la felicidad ni la paz interior, por su inhabilidad de dejar el pasado atrás. Las heridas, los resentimientos, el impacto de lo negativo de las experiencias tienden a dominar la memoria. Si el temperamento es uno sentimental, la persona se inclina a hacerse víctima de su propia existencia. Amenazada por la tiranía del pasado, se inclina a un tipo de resignación como víctima de la vida y no protagonista.

El hoy, el momento presente que se vive es apremiante.  Es lo único que está bajo control del individuo. Ese ahora, ese aquí, tomado en cuenta, capacita al ser humano, con el potencial de estar consciente, pendiente a su propio comportamiento. Valorar el vivir un día a la vez, es sabiduría práctica. Para los seguidores de Cristo Jesús, esto significa poner en práctica su delicada enseñanza, según aparece en Mateo 6, 34: “Por tanto, no se preocupen por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástenle a cada día sus propios problemas”.

En lo práctico de un día a la vez, hay que evitar los simplismos. La vida de fe siempre incluye la virtud de la prudencia. Es la que evita ignorar por completo el pasado y al mismo tiempo, las posibles obsesiones nocivas de lo que pudiese suceder mañana. El pasado nos enseña a aprender de nuestros errores. El mañana es el que va naciendo hoy, también, “despacito” una hora a la vez.

La gran ventaja de los discípulos de Jesús es que se esfuerzan por vivir con una actitud abierta a su voluntad, “en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad…”, según rezan los votos matrimoniales. El legado más rico en la larga historia de salvación es la que los primeros cristianos nos dejaron. No, ellos no sabían mucho de la grandeza de la Revelación del Padre, encarnada en su Hijo, por lo menos, no tanto como los creyentes de hoy en día. Pero vivían su fe con mucha más conciencia de lo pasajero de este mundo y su destino de la eternidad.

En el mundo actual, el escenario de lo temporero parece ser absorto por la magia de la ciencia cibernética. La tecnología y adelantos electrónicos han empujado al ser humano, a convertirse en marioneta de lo pasajero.  En su comportamiento casi-robótico, la distracción y la diversión, le roban oportunidades no solo de aprovechamiento, pero también de crecimiento. En el aspecto de lo espiritual, el peligro que se asoma es de falta de interés, de envolvimiento. Los espacios de oración privada se abandonan. Los ritos litúrgicos, pierden significado y el aburrimiento les da motivo a abandonar la práctica de la fe.

El esfuerzo de vivir un día a la vez, podría ayudar a una postura de establecer prioridades, de valorar con mayor empeño la salud, el convivir y compartir en familia. “Perla de precio fino” sería el distinguir lo efímero de lo que perdura y enriquece la vida. ¡Eso sería gran sabiduría!

(Domingo Rodríguez Zambrana, S.T. )

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