Jesús les había dicho en cierta ocasión a sus discípulos que el Reino de Dios es semejante a un
tesoro escondido en un campo que, quien lo encuentra, lo esconde de nuevo, vende todo cuanto
tiene y compra el campo (Mateo 13, 44). Y al emplear la imagen del tesoro está refiriéndose precisamente a la diferencia entre el Reino de Dios, que tiene un valor infinito, y las riquezas materiales, que son pasajeras.
Si lo más valioso para nosotros es lo material, allí estarán nuestros afectos, hasta sacrificar los demás valores -familiares, sociales y espirituales- en función de aquello que consideramos más importante. En cambio, si reconocemos que los bienes materiales son sólo medios en función de lograr el fin para el que fuimos creados, el cual consiste en ser plena y eternamente felices, y que este fin sólo lo alcanzamos disponiéndonos en todo amar y servir a Dios amando y sirviendo a nuestros hermanos, en especial a los más necesitados, habremos hallado el tesoro que verdaderamente vale más que todas las riquezas terrenas.
La imagen del servidor es muy significativa. En el mismo Evangelio según san Lucas, Jesús les diría a sus discípulos al compartir con ellos la última cena antes de su pasión y muerte en la cruz:
“Yo estoy en medio de ustedes como el que sirve” (Lucas 22, 27). Y esto ocurre precisamente cuando sus discípulos se ponen a discutir sobre quién de ellos es más importante. En este mismo contexto podemos entender lo que Jesús nos dice hoy en la parábola de los servidores vigilantes:
¡Felices los servidores a quienes el dueño encuentre velando a su llegada! Les aseguro que él mismo se pondrá el delantal, los hará sentar a la mesa y les servirá uno por uno.
Y al volver sobre el tema en su respuesta a la pregunta de Pedro (Señor, ¿dijiste esta parábola
para nosotros, o para todos?), el Señor toma como figura la relación entre los empleados y el dueño de una hacienda. Si nos fijamos en la parte final de la respuesta de Jesús a Pedro en el Evangelio, podríamos considerar bastante cruel el comportamiento de un patrón que castiga a sus
servidores que se han portado mal dándoles azotes. Pero Jesús simplemente está empleando una figura, en el contexto de la parábola. Lo que importa es la enseñanza de fondo, que aparece en la frase final de Jesús: “Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá”

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