La “sobreviviente” declaró que fue privada de su libertad, sin derecho a moverse a ningún lado. La víctima fue objeto de trato cruel, inhumano y degradante, necesarios para obtener su sumisión. El hombre la mantuvo sujeta a sus deseos para su propia satisfacción sexual por 2 años. Con un encendedor y una espátula caliente la quemaba en diferentes partes del cuerpo, incluidas sus partes íntimas. Le retiraba la espátula cuando el olor a carne quemada lo enardecía. La agredía con cables eléctricos, palos de escoba y con barras de jabón envueltas en medias para azotarle la espalda, y la obligaba a comer excremento.

La narración anterior parece de las que se leen en los periódicos que ocurren en otras partes del mundo, pero no lo es. Es el testimonio de una mujer que fue víctima del delito de trata humana, aquí en Puerto Rico. Este es solo una de las narraciones que hicieron las más de 200 víctimas que formaron parte del Tercer Estudio que se realiza sobre el tema de la trata y tráfico humano en el País. Y que están recopilados en el libro Violencia: género y trata, que escribieron los investigadores, Dr. César Rey Hernández, y la Dra. Luisa Hernández Angueira.

Aunque muchos puedan pensar que esto no ocurre en Puerto Rico, sepa que es más común de lo que se imagina, el problema es que es muy difícil probarlo en el Tribunal. Esto se debe porque a pesar de que el delito está incluido en el Código Penal de Puerto Rico, el desconocimiento para manejar estos casos y probarlos, es complicado.

Mientras, el sociólogo, Dr. Rey Hernández, denunció que el problema ocurre a la hora de hacer la denuncia. “Muchas veces el fenómeno está identificado, los trabajadores sociales están conscientes, pero cuando el policía levanta su diario de novedades el delito nunca mencionó la trata humana porque no la conoce”, señaló.

Añadió que “en la medida que eso no está debidamente identificado no se puede trabajar como delito. Cuando ese caso se lleva a corte queda como un mero abuso de un menor y el abuso de un menor no tiene la dimensión criminal que tiene la explotación. Puede haber un abuso verbal, psicológico que puede ser distinto a un abuso sexual, o a un abuso laboral”.

Sobre el estudio, el Dr. Rey Hernández señaló que el principal hallazgo es la vulnerabilidad de las mujeres ante la violencia doméstica. “En este País la violencia doméstica es un hecho dramático y es más común de lo que la gente piensa, pero tal vez no se está trabajando con todas las dimensiones que se debería”, confirmó.

Asimismo, reveló que otro descubrimiento de la investigación, que fue una iniciativa de la actual Secretaria de Justicia cuando era Procuradora de las Mujeres, gira en torno a que las mujeres que han sufrido de violencia doméstica han sido simultáneamente vulnerables a ser víctimas de trata humana o tráfico.

El sociólogo corroboró que “muchas han sido prostituidas, han sido compañeras de los dueños de puntos de drogas, han sido usadas como mulas (llevan drogas), las usan para identificar víctimas. Por ejemplo, identifican a María al lado de José, José es al que quieren eliminar y la persona identificada es María, donde veas a María está José y matas a José”.

Igualmente, el Dr. Rey Hernández dijo que se observó una alta incidencia de mujeres que fueron abusadas sexualmente en su niñez que a su vez son víctimas de violencia de género en la adultez. “Los abusos fueron cometidos por padres, familiares, amigos y estos delitos nunca llegaron al Tribunal”, puntualizó.

Del mismo modo, criticó que los hogares que dan albergue a las víctimas o a las sobrevivientes no están educados sobre la forma adecuada que deben trabajar con ellas. Así mismo puntualizó que en la Ley 54 que data de 1989, tampoco tiene un protocolo para identificar a las víctimas de este crimen.

Otro de los hallazgos del estudio es la alta incidencia de migrantes caribeñas, especialmente dominicanas que llegan a la Isla y bajo la amenaza de ser deportadas son víctimas fáciles de trata y tráfico humano.

A modo de conclusión, el Dr. Rey Hernández admitió que: “Tenemos casos que están siendo desatendidos porque no existe conciencia de que ese crimen existe aunque está tipificado en el Código Penal, hay legislación y órdenes ejecutivas al respecto aún no se está trabajando adecuadamente”.

Al final, precisó que “hay que educar. Hay que trabajar desde el punto de vista de política pública, desde el punto de vista de una capacitación del sobreviviente y lo más importante con la prevención”.

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