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En el segundo libro de los Reyes leemos cómo la lepra de Naamán el sirio fue curada por el Profeta Eliseo.

En la 1ra Carta a Timoteo, San Pablo continúa instruyendo a Timoteo en cómo pastorear a su pueblo.

El relato evangélico de San Lucas nos presenta la curación de los 10 leprosos y cómo sólo uno fue agradecido.

            ¡Ay la lepra!  Esa enfermedad asquerosa, altamente contagiosa, que no tenía cura y que llevaba a la muerte.  Esa enfermedad que implicaba total destierro y ostracismo de la sociedad, expulsión de la familia, morir de una manera horripilante.  La película Ben Hur describe con exquisitez todo el dolor que implicaba enfermedad.   Es por eso que la lepra se consideraba un castigo divino ya que “sólo Dios podía curar la lepra”.  Es por eso que el poderoso general enemigo de Israel, Naamán, se vuelve loco cuando ve que contrae la lepra y está dispuesto hacer las paces con un profeta del bando enemigo, Eliseo, para que lo curara.  Ya es pasaje bíblico se explica por sí mismo, y vemos cómo Naamán esperaba algo difícil por parte de Dios, pero lo que Dios le pedía era fe.  Dios espera de nosotros que tengamos fe.  

            Tener fe implica confiar en Dios en los momentos difíciles por los que pasamos, tener resiliencia, con la poderosa convicción de que Dios nos va a ayudar a salir de esto.  Esa fe es de la que habla San Pablo a San Timoteo.  San Pablo le indica a su discípulo que, en su desempeño pastoral, tiene tanto él como su grey enfrentar toda clase de persecuciones pero que, en nombre de Jesucristo, saldrán airosos de todas ellas.  Esa misma fe es la que nosotros, el pueblo puertorriqueño exhibimos cuando nos enfrentamos a situaciones difíciles como el huracán que estamos enfrentando.  La forma por la cual nosotros enfrentamos esta situación, con oración, con empeño, con fuerza, con resiliencia, con esperanza, con jocosidad, es parte de la fe en Dios que tenemos el pueblo puertorriqueño.

            Pero, al mismo tiempo, tenemos que ser agradecidos a Dios porque nos ayuda a superar todas las pruebas que pasamos, a nivel personal y a nivel comunitario.  Sufrimos mucho con el huracán María, pero crecimos como pueblo.  Las enseñanzas de ese huracán ahora las aplicamos a éste.  Gracias a Dios por ello.  Pero ¿cómo le vamos a agradecer a Dios?  Primeramente, dándole el culto a sólo a Él se le debe, asistiendo a la misa con toda la familia y que Fiona no sea excusa para ello.  Lo segundo es compartiendo lo que tenemos con los que no tienen, sobre todo los que han perdido todo.  Seamos como el leproso que regresó a Jesucristo para darle las gracias.  

Padre Rafael Méndez Hernández

Para El Visitante

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