La Gran Semana, conocida como la Semana Santa, también nombrada como Semana Mayor inicia el Domingo de Ramos y termina con el Domingo de Pascua. Durante estos días hay una serie de signos y símbolos propios de la ocasión. ¿Alguna vez se ha preguntado cuáles son y lo que representan? A continuación presentaremos algunos de ellos.

El pan y el vino: Cuerpo y Sangre de Cristo

Los símbolos del pan y el vino son propios del Jueves Santo en el que, durante la Misa vespertina de la Cena del Señor, se celebra la institución de la Eucaristía. Celebrada por Jesús sobre la mesa-altar del Cenáculo, era el anticipo de su Cuerpo y su Sangre ofrecidos a la humanidad en el “cáliz” de la cruz, sobre el “altar” del mundo.

Lavatorio de los pies

El Evangelio de San Juan es el único que relata este gesto simbólico de Jesús en la Última Cena. Un gesto inusual para un Maestro, propio de los esclavos, se convierte en la síntesis de su mensaje, da a los apóstoles una clave de lectura para enfrentar lo que vendrá.

Jueves Santo

La Eucaristía que se da inicio al Triduo Pascual es la Missa in Coena Domini, porque es la que más entrañablemente recuerda la institución de este sacramento por Jesús en su última cena, adelantando sacramentalmente su entrega de la Cruz.

Cena del Señor

Es el nombre que, junto al de “fracción del pan”, le da por ejemplo San Pablo en 1 Corintios 11, 20 a lo que luego se llamó “Eucaristía” o “Misa”: kyriakon deipnon, cena señorial, del Señor Jesús. Es también el nombre que le da el Misal actual: “Misa o Cena del Señor” (IGMR. 2 y 7).

Símbolos de la Pasión

La cruz

La cruz fue, en la época de Jesús, el instrumento de muerte más humillante. Sin embargo, pasó algún tiempo para que los cristianos se identificaran con ese símbolo y lo asumieran como instrumento de salvación.

La corona de espinas, el látigo, los clavos, la lanza, la caña con vinagre…

Estos “accesorios” de la Pasión muchas veces aparecen gráficamente apoyados o superpuestos a la cruz. Son la expresión de todos los sufrimientos que, conformaron el mosaico de la Pasión de Jesús. La Pasión revistió los tres niveles de dolor que todo ser humano puede soportar: físico, psicológico y espiritual. A todos ellos Jesús respondió perdonando y abandonándose en las manos del Padre.

Conmemoración de la Pasión de Cristo

Su fin es la recordación devota y el honor de los sufrimientos de Cristo para la redención de la humanidad. Como se encuentra en el apéndice del Breviario Romano, fue iniciado por San Pablo de la Cruz (muerto en 1775). El Oficio fue compuesto por Tomas Struzzieri, Obispo de Todi, y fiel asociado a San Pablo.

Símbolos de la luz

El fuego

Durante la primera parte de la Vigilia Pascual, llamada “lucernario”, la fuente de luz es el fuego. Este, además de iluminar, quema y, al quemar, purifica. Como el sol por sus rayos, el fuego simboliza la acción fecundante, purificadora e iluminadora. Por eso en la liturgia, los simbolismos de la luz-llama e iluminar-arder se encuentran casi siempre juntos.

El cirio pascual

El cirio pascual representa a Cristo resucitado, es, pues, un memorial de la Pascua. Se enciende con fuego nuevo, producido en completa oscuridad, porque en Pascua todo se renueva: de él se encienden todas las demás luces. Durante todo el tiempo pascual el cirio estará encendido para indicar la presencia del Resucitado entre los suyos. Toda otra luz que arda con luz natural tendrá un simbolismo derivado, al menos en parte, del cirio pascual.

Símbolos del Bautismo

El agua

El agua se convirtió en el elemento natural del primer sacramento de la iniciación cristiana. Desde los primeros siglos del cristianismo, los adultos eran bautizados en una especie de pileta llena de agua que contaba con dos escaleras: por una se descendía y por otra se salía. La imagen de “bajar” a las aguas representaba el momento de la purificación de los pecados y estaba asociada a la muerte de Cristo. La salida, subiendo por el lado opuesto, representaba el renacer a la nueva vida, como saliendo del vientre materno, y era asociado a la resurrección.

La vestidura blanca

El color blanco siempre fue identificado con la pureza. En el Imperio Romano, solo los miembros del Senado se vestían con túnicas blancas. De esta manera, se manifestaba públicamente la dignidad de servir al Emperador, quien se presentaba como el Hijo de Dios.

Los cristianos, al vestir de blanco para recibir el Bautismo, mostraron que más que símbolo de pureza, era símbolo de vida nueva, de compromiso con un estilo de vida y con el esfuerzo cotidiano por conservarla sin mancha, para ser considerados dignos de participar en el banquete del Reino (cf Mt 22, 12).

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