Rico se congregaron para celebrar la Misa de Envío Nacional rumbo al Jubileo de los Jóvenes 2025, que
tendrá lugar en la Ciudad Eterna del 28 de julio al 3 de agosto. La ceremonia, llena de alegría, símbolos y profundo sentido espiritual, marcó un momento decisivo en el caminar de estos peregrinos que, desde ya, se sienten enviados a ser testigos de esperanza en el mundo.
La Santa Misa, celebrada en la Catedral Dulce Nombre de Jesús en Caguas, fue presidida por Monseñor Tomás González, Obispo responsable de la Pastoral Juvenil Nacional y Auxiliar de San Juan. Concelebraron Monseñor Alberto Figueroa, Obispo de Arecibo y Monseñor Ángel Luis Ríos Matos, Obispo de Mayagüez. La liturgia fue un verdadero acto de comunión entre las diócesis, los movimientos eclesiales y las órdenes religiosas de la Isla, donde la juventud se hizo protagonista de una Iglesia viva, que camina con y por ellos.
Desde temprano en la mañana, los jóvenes tuvieron la oportunidad de recorrer el pasillo vocacional y visitar el museo del Beato Carlos Manuel, figura inspiradora de la santidad juvenil en Puerto Rico. Ya en la celebración eucarística, se vivieron momentos profundamente simbólicos: la presentación de las
delegaciones por Ramón Torres, secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil, el compromiso de los peregrinos dirigido por el P. Floyd, la entrega de la bandera puertorriqueña, la ofrenda floral en el altar del beato, y la veneración a la Virgen María. Durante la homilía, Monseñor Tomás elevó una reflexión cargada de ternura y esperanza al hablar de María, Madre de la Santa Esperanza. “Cuántas veces hemos sido testigos de recibir la ayuda de una madre, imagínense cuánto más la ayuda de nuestra Madre María”, dijo. Invitó a los jóvenes a hacer memoria de cómo María “a su joven edad, les ha mostrado su cercanía, su amor, su presencia… esperanza de todos nosotros”.
Recordando a figuras como los beatos Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati, el obispo enfatizó que “ellos
también fueron integrando a su vida cristiana una recta devoción a la Virgen María y así se fueron
convirtiendo en jóvenes que amaban a Dios y a la Madre… Fueron, por gracia de Dios, luz, sal y fermento en medio de la masa donde ellos vivían”.
El momento del envío fue vibrante: vítores, aplausos y cantos marcaron el final de la Eucaristía. La emoción colectiva se hacía evidente en los rostros y gestos de quienes se preparan para vivir una experiencia única de fe junto al Papa y a miles de jóvenes de todo el mundo. “Queridos jóvenes, lo que veo, lo que escucho, lo que palpo como pastor viendo a tantos bautizados jóvenes que arden con el fuego del Espíritu… lo que contemplamos, lo que nos invita, es Cristo. Y ustedes han ido acogiendo una llamada”, proclamó Monseñor Tomás con emoción pastoral.
La joven Yariliz Arvelo, de la pastoral juvenil de Arecibo, resumió el espíritu de la jornada al compartir en sus redes sociales: “Como una sola iglesia, nos hemos reunido familias, jóvenes, adultos, ancianos, frailes, sacerdotes y obispos de diferentes partes de nuestra amada Isla del Encanto, para recibir la bendición de Dios y ser enviados a peregrinar en el Nombre Poderoso de Jesús, representando a Puerto Rico en este Jubileo de Esperanza 2025.”
La jornada concluyó con la alegría compartida de saberse enviados, no solo a Roma, sino al corazón del
mundo. Y desde allí, con el compromiso de regresar a su tierra para llevar luz, fe y alegría, estos jóvenes
puertorriqueños partirán como verdaderos peregrinos de esperanza

“Seremos luz, sal y fermento
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