Ciudad del Vaticano, julio de 2025 — En un mensaje profundamente humano y espiritual, el Dr. Paolo Ruffini, Prefecto del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, dio la bienvenida a los participantes del Jubileo de los Misioneros Digitales en Roma, con una reflexión que unió la experiencia personal, el discernimiento eclesial y los desafíos del entorno digital.
Con un tono cercano, Ruffini se reconoció como parte de una generación que ha vivido el cambio tecnológico de forma acelerada: “Yo tuve mi primer celular a los 27 años. Los niños que nacen hoy lo hacen en una sociedad con inteligencia artificial. Pensemos cuánta diferencia hay y cómo la Iglesia está llamada a caminar en todo esto”.
Desde ese punto de partida, su discurso propuso un verdadero “examen de conciencia colectivo” sobre la misión de comunicar el Evangelio en el mundo actual. “La red, la tecnología digital, las redes sociales… claro, están ahí. Pero ese no es el punto. El único punto es algo que nos trasciende: Dios. Y por eso mismo nos hace parte de un solo pueblo, su pueblo”.
Ruffini fue enfático en advertir que los medios digitales no deben convertirse en espacios de autoexhibición, sino en lugares de comunión, escucha y encuentro real. “Estamos aquí para alegrarnos juntos, para hacer juntos un examen de conciencia sobre cómo, como Iglesia, damos testimonio del Reino de Dios en este tiempo”.
Inspirado por las preguntas planteadas por el Papa Francisco al inicio del Jubileo, recordó la urgencia de comunicar con autenticidad:
- ¿Sembramos esperanza en medio de tanta desesperación?
- ¿Cuidamos del virus de la división que amenaza incluso nuestras comunidades?
- ¿Comunicamos desde la oración, o según las reglas del marketing digital?
Reconoció que las redes sociales son fuente tanto de formación como de desinformación, de comunión como de aislamiento, y propuso una respuesta: una red alternativa, una red de alegría, verdad y comunidad.
El Prefecto hizo un llamado a no ceder a la lógica del mercado ni al poder de los algoritmos: “Nunca debemos transformar la comunidad en un público, ni al público en mercancía. Porque terminaríamos convirtiéndonos nosotros mismos en mercancía”.
También abordó la necesidad de formación permanente, alfabetización mediática y libertad en los medios católicos. “Nuestra fe no es individualista, mucho menos consumista. Y el estar aquí hoy es una prueba gozosa de ello”.
Rechazando una “Iglesia infantil del entorno digital”, Ruffini urgió a ofrecer una alternativa no superficial: “La verdad de un encuentro, la alegría indescriptible de un encuentro con Jesús, que ha cambiado nuestras vidas”.
El mensaje concluyó con una afirmación clara de la vocación eclesial en este tiempo: “Aquí está el campo de nuestro testimonio misionero: ser, como red, tierra buena donde el Evangelio eche raíces”. E invitó a superar la lógica del “amigo o muro” que modela las redes, para redescubrir el ser prójimos también en lo digital, que es real.



