SER CATEQUISTA DEL BUEN PASTOR HA RENOVADO SU FE Y ESPIRITUALIDAD 

La labor del catequista en la Iglesia siembra semillas que germinan y duran para toda la vida. Es una vocación que enriquece y fortalece la vida de fe sacramental de los católicos. Lyssenid Cortés da testimonio de eso, pues desde hace ocho años es catequista del Buen Pastor en la parroquia Nuestra Señora de Fátima, en Arecibo.  

La Catequesis del Buen Pastor es descrita como un “don para la iglesia”, y comenzó en el siglo XX (año 1954) en la antigua ciudad de Roma, en la sala de una casa.  

“La catequesis del Buen Pastor es un acercamiento a la formación religiosa del niño, basada en la Biblia y en la liturgia, usando como metodología los principios de educación Montessori. Buscamos que sea un ambiente desescolarizado donde el niño pueda orar constantemente, vivir una experiencia y encuentro con Jesús mientras aprende”, explicó Cortés. “Al salón de clase le llamamos atrio porque es el lugar que prepara al niño a la vida de la Iglesia y a realizar los sacramentos”.  

Cortés destacó además que “en la Catequesis del Buen Pastor primero se introduce al niño a la vida litúrgica de la Iglesia para que pueda entender lo que vive cuando va a la misa. Presentamos la vida de Jesús para que, con su encuentro, Jesús mismo sea el camino que lleve a los niños al Padre”. 

La catequista comentó que cuando comenzó la formación del Buen Pastor, en Gurabo, pensó que solo utilizaría ese aprendizaje con sus hijos, pero al dialogar sobre la experiencia con el párroco, decidieron comenzar. “Cuando comencé la formación se volvió un proceso muy enriquecedor y de renovación personal”, contó Lyssenid, actualmente a cargo de los niños de tres a cinco años del nivel 1.  

Cortés describió la labor del catequista como una vocación. Utilizando como base una frase del papa Francisco en un Congreso Internacional de Catequistas, definió que es el que “custodia y alimenta la memoria de Dios, la custodia en sí mismo y saber despertarla a los demás”.  

“El catequista es precisamente un cristiano que pone esta memoria al servicio del anuncio, no para exhibirse, no para hablar de sí mismo, sino para hablar de Dios, de su amor y su fidelidad. Hablar y transmitir todo lo que Dios ha revelado. La doctrina en su totalidad. Sin quitar ni añadir”, palabras del Sumo Pontífice en el año 2013.  

Ser maestro es una palabra que me supera 

“Ser maestro es una palabra que me supera, pues, me veo más como una guía, que acompaña al niño y preparo el ambiente propicio para que él pueda encontrarse con Jesús a través de cada tema presentado y de la oración; de tal modo que Jesús mismo se revele”, manifestó Cortés, madre de tres, esposa y misionera.  

Añadió que esta experiencia también “se vuelve luz y acompañamiento a los padres, que se vuelven testigos de la revelación de sus hijos y receptores en primera persona de su anuncio y el gozo y la paz profunda que lo acompaña”.  

“Tanto el proceso de formación como ahora que soy catequista del Buen Pastor ha sido un tiempo profundo de estudio y conversión que ha renovado mi fe y mi espiritualidad. Conocer con mayor detalle cada momento de la misa me ha permitido vivirla con mayor conciencia y profundidad”, abordó. “Del mismo modo, estudiar y reflexionar en cada momento de la vida de Jesús y sus parábolas me han permitido contemplar con mayor gozo las verdades reveladas, ser cada vez más esencial y tener una mirada más auténtica y profunda de la fe”.  

“He aprendido que en la Iglesia y la liturgia todo tiene una razón de ser y con esto maravillarme de cuánta riqueza y sabiduría tiene nuestra Madre Iglesia”, expresó la catequista. 

Lyssenid guarda con mucho cariño en su memoria cada vez que un niño logra descubrir alguna verdad o entender algún aspecto de la liturgia y signos de la vida de fe católica. “Espontáneamente brota en ellos un gozo profundo que se manifiesta en cantos, no parar de sonreír, un silencio contemplativo y expresar verbalmente cuánto aman a Dios”, describió. “Un ejemplo de esto es cuando el niño, después de trabajar varias veces y profundizar en la figura del Buen Pastor y sus cualidades, descubre que el Buen Pastor es Jesús; las expresiones de su rostro son invaluables”.  

Marielisa Ortiz Berríos 

Para El Visitante 

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