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¡Que Viva Cristo Resucitado! Es nuestra nueva esperanza y el cumplimiento de las promesas que en su palabra El nos promete. La Resurrección de Jesús, es uno de los eventos más importante en la Semana Mayor. Siendo uno de esto eventos de los más importante, es imprescindible pensar que este gesto es uno de amor y de misericordia misma para cada uno de nosotros y nosotras. La Pascua nos sobrecoge de gran maravilla y podemos proclamar con júbilo que el Cordero de Dios ha perdonado los pecados del mundo. 

Lo que hemos vivido la Pascua con un gran alto grado de espiritualidad, cambia nuestras vidas de una manera significativamente y como laicos debemos seguir en continuo mejoramiento de seguir transformándonos de cosas que nos alejan del Padre y las preciosas promesas que Él nos hace.  Es por eso, que debemos fortalecer más que nunca, la oración, el servicio, el fomentar los nuevos comienzos, poner en función los Sacramentos que Cristo nos compartió, practicar de día a día las obras de misericordia espirituales y corporales. Estas acciones aumentan nuestra fe y confianza en el gran milagro de la Resurrección de Jesús y nos ayudan grandemente a transformar nuestro interior y a usar estos gestos como ese pasaporte único para servir, amar y sembrar semillas de fe y esperanza en los más necesitados. Toda Pascua tiene una cosecha distinta, pero debemos sembrar con fervor para ver los frutos en el corazón de cada uno. 

La Pascua, sin embargo, siempre tenemos esas peticiones especiales en nuestro corazón que solo Él conoce y puede contestar. Las obras que hacemos en la Pascua han sido de gran valor, por eso debemos de expandirlas, tal y como Jesús le dicta a Santa Faustina: “A las almas que propagan la devoción a mi misericordia, las protejo… como una madre cariñosa protege a su hijo recién nacido…” (Diario, 1075). Más importante aún, nuestras peticiones deben ir dirigidas hacia los más necesitado o a los que ya no están con nosotros. En el tiempo de Pascua de Resurrección, es un tiempo de júbilo, sigamos en el camino de la santidad y de estar en cercanía con Cristo Resucitado.  Sin embargo, no debemos olvidar extender nuestro ruego por las benditas ánimas del purgatorio, con humildad y virtud. “Oh humildad, virtud preciosísima, qué pocas son las almas que te poseen. En todas partes veo solamente la apariencia de esta virtud, pero no veo la virtud misma (Diario 1436”). 

Estas almas en el momento de partir todavía tenían algún apego al pecado, es por eso que deben someterse a una purificación antes de poder amar a Dios plenamente con todo su corazón y alma por toda la eternidad. Estas almas ya no pueden orar por ellas mismas. Por eso, necesitan de nuestra piedad y oración en todo momento. En adición, en este tiempo de Pascua de Resurrección, vivamos este momento tan relevador y esta maravillosa expectación con amor y esperanza. No permitamos que este momento tan importante sea trastocado por las cosas terrenales, al contrario, con fervor y esperanza, mantengamos nuestra mirada en El. 

De hecho, es necesario atravesar procesos de conversación, con un director espiritual.  Dicha conversión necesita de mucha de oración de parte de cada uno de nosotros. Esta conversión es un proceso lento que se da de adentro hacia fuera. Debemos cambiar nuestro corazón y nuestra alma para que todos seamos reflejo del Rostro de Jesús ante los demás. “En mi vida interior, con un ojo miro hacia el abismo de miseria y de bajeza que soy yo, y con el otro hacia el abismo de Tu misericordia, oh, Dios (Diario 56)”. 

Dios ve ese proceso que nos cuesta y que hacemos nuestro mejor intento por agradarle.  No tan solo porque nos cuesta humanamente, es que Él sabe que vivimos terrenalmente rodeados de tentaciones y porque lo hacemos con todo el amor del mundo para seguir nuestro a Salvador y perseverar hasta el fin en la fe. ¡Oremos por la conversión de los pecadores, por la humanidad y por las benditas ánimas del Purgatorio para que no estén en pecado mortal y vivan cerca del Amor, del Perdón y Misericordia de Nuestro Padre! La Pascua es un espacio de segundas oportunidades, dense la oportunidad para que El los sorprenda, porque así ser y en grande.

¡A través de nuestra intención e intercesión, podemos mover montañas! Como gran regalo para usted y los suyos, mantengan con ustedes la Gloria de la Pascua de Resurrección. Lleven siempre a Cristo en su corazón o la Imagen o una estampita de Jesús de la Divina Misericordia en su hogar para que su familia quede sellada por la Propia sangre y bendición de Jesús.  “Prometo que el alma que venere esta Imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos… Yo mismo la defenderé como mi gloria” (Diario, 48). ¡Queden con la paz de Santa Faustina de la Divina Misericordia y sigamos en oración a las 3 pm para expiar nuestros pecados y los del mundo entero! “A las tres, ruega por Mi misericordia, esta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero” (Diario, 1320).  

Dra. Maricelly Santiago Ortiz

Para El Visitante