Hace unos años pinté un cuadro del Sagrado Corazón y lo entronizamos en las oficinas de la empresa. Lo hice porque recordé que Jesús prometió a los devotos de su Sagrado Corazón: “Voy a conceder abundantes bendiciones sobre todo a sus empresas temporales y espirituales”.

Dios es amor. Él está dispuesto a dar a sus hijos abundantes bendiciones temporales, siempre que no pongan en peligro nuestra vida eterna. Hemos puesto nuestras empresas a los pies del Señor, pues las vemos como una fuente de ingresos para cientos de familias puertorriqueñas. Nosotros solo las administramos para que muchas familias puedan ganarse su sustento y muchos jóvenes puedan aprender cómo se lleva un negocio. Es bueno compartir los éxitos.

Por otro lado, a veces los resultados no responden a nuestros esfuerzos. A veces combatimos desastres, como los del huracán María. En esos casos, no debemos desanimarnos si nuestras oraciones, pidiendo favores temporales, no son contestadas siempre. Dios no nos abandona y poda nuestras ramas para que demos mejor fruto como hacen los viñadores (cf Jn 15, 2).

Recordemos que Dios siempre pone nuestro bien eterno antes de nuestro bien temporal. Como dice san Pablo: “Dios dispone todas las cosas para bien de los que lo aman”. (cf Rom 8, 28) Es decir, Dios saca un bien de una aparente mal.

Este mes de mayo, comprendamos que una vez entramos en la puerta que es la herida del Sagrado Corazón de Jesús, todo cambia de perspectiva. Pongamos nuestra confianza en Dios soberano que convierte la Cruz en Victoria, la muerte en vida eterna. Por eso, no nos sentimos derrotados en nuestras caídas, en nuestros tropiezos, porque ponemos la confianza en Jesús. Encontremos la seguridad y la esperanza inigualable, del tesoro de la vida eterna en el Sagrado Corazón de Jesús.

Natalio Izquierdo, MD

Para El Visitante

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